Una cierta clase de elegancia

Muchas fueron las lagrimas derramadas cuando estando lejos del continente americano, muchas horas adelante, nunca mas pude ver el Oscar. Siempre fue una gran noche para nosotros en Venezuela (a pesar de la pobre narracion de Cesar Miguel Rondon) y para mi gran sorpresa el interés por el Oscar ni siquiera existía en Francia hasta hace poco. A los Franceses les interesaban los festivales, especialmente Cannes, y desde luego los César, equivalente de los Oscar en territorio galo. Lo mas difícil no era perderme la ceremonia, sino las llegadas que seguí durante tantos años mientras ocupaba un escritorio como productora de modas en E! Entertainment Television. Mientras estuve en Paris, mantuve el habito de correr a mi ordenador temprano en la mañana, para ver no solo quienes obtienen la estatuilla sino lo que vestian las chicas. La dependencia de los Oscar se diluyo con el tiempo, quizas porque un dia descubri el mecanismo detras de sus elegidos. El Oscar es una empresa, y la mejor inversion es siempre nominar y premiar a esos quienes pueden seguirle haciendo el marketing. Pero esto es otra historia.

Lo que me invita a explorar el sujeto Oscar no son los galardonados (demasiado predecible y aburrido) y ni siquiera lo que vestian las damas invitadas, porque es poco lo que hay que decir, porque desde que Cher gano por su actuacion en Moonstruck, casi todo se repite. Desde luego, como a cualquiera que se considera un poco mas elevado que el resto de los mortales, gracias a mi gusto muy especial, mezcla de talento natural, conocimientos y cultura, y una cierta actitud vanguardista, no me gustan los vestidos de princesa. Esto habla mal de mi, lo sé, pero mejor asumir que existe en mi una cierta pretensión en cuanto al sujeto de la moda, que me hace estar del otro lado del espectro, que desde luego evidencia mi pobre necesidad de diferenciarme. Para mi, como para Martin Margiela o Consuelo “Marni” Castiglioni, jamás serán elegantes, aunque puedan ser hermosas y adorables. Para mi esas mujeres vistiendo Oscar de la Renta, Carolina Herrera o Armani, consideran el Oscar como en un baile de debutantes, “Quién lo diria”. Tampoco aprecio el excesivo minimalismo, Calvin Klein entre otros. Pero tampoco me interesan las propuestas sexy de Versace o Roberto Cavalli. En realidad, muy pocas veces me interesa lo que las estrellas de Hollywood llevan al Oscar (con algunas excepciones como Julianne Moore y Cate blanchett) quizás porque siempre es excesivo y porque la mayoría parece (sin duda el caso de muchas) haber pedido prestado el vestido hasta la media noche. Es seguramente este efecto Cenicienta lo que me deja indiferente.

Este año, solo una persona cautivo mi atención, en realidad dos, la otra, una tal Shailene Woodley, usando un vestido blanco de Valentino, inesperado, y claro el nuevo Valentino es mi mejor opcion para la ocasion. No me interesa hablar del Oscar pero cuando vi a Esperanza Spalding solo pude esbozar una gran sonrisa, fue instantanea. Su elegancia es simplemente desarmarte. Su vestido es todo lo que puedo “a priori” detestar, corset, espaldas descubiertas, falta larga e irregular, contraste de texturas. Escribir es la unica posibilidad de saber, por qué me ha encantado. Sigo con las muchas razones:

– Esperanza Spalding no solo es muy hermosa, es como un angel, y además no actúa (cosa que pueden hacer muchos sin o con muy poco talento). Ella canta, hace musica, y lo hace de verdad.

– Ese vestido es parte de ella, de sus hábitos, de su guardarropa, de sus deseos, de sus gestos. La imagino llevandolo regio con una chaqueta de jean o una bufanda para protegerse del frio. Lo que mas me gusta de esto es que no veo la mano de una estilista preseleccionando vestidos que seguramente negarian la esencia de esta chica.

– Tan pocos accesorios. Sobreponerse a la tentación de vestir “un poco mas” un vestido tan simple es un acto de valor. Es simplemente perfecto. La veo saliendo de la ducha y poniéndose el vestido, sin preámbulos, ni rituales. Su cabellera es su mejor accesorio, y lo sabe.

– Aparece sola en todas las fotos. Yo creo que a esos eventos hay que ir solo, si no, es como ir a la oficina con el novio. Esperanza debe saber que no se mezclan trabajo con placer, porque ella estaba allí para cantar, y como.

– Su timidez le regala una cierta contención, lo cual le atribuye un perfecto control de su presencia en escena. Lo mejor es que esta escena es la vida, con o sin tapiz rojo.

– Ninguna pose (Aprende algo @AngieRightLeg). Las poses hacen perder la consciencia de quien uno es. Por eso siempre parecen incomodas, porque niegan el gesto mas genuino de nosotros mismos, para dejar lugar a la imagen, desde luego intelectualizada de uno mismo, pero sobre todo de eso que deseamos proyectar. La manera de pararse de Esperanza le regala a ese vestido el gesto necesario para hacerlo majestuoso y unico, con tan poco.

Esperanza Spalding es la prueba de que menos es siempre mas, pero sobre todo, de que la elegancia poco tiene que ver con los trapos que uno lleva, sino mas bien con la conexión intima, o el conocimiento, que tenemos con nosotros mismos.

¡Bravísima!

Imagen via imdb.com

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