Ojo fotografico

Siempre rememoro cuando viendo Lost in Translation, Charlotte le dice a Bob: Intenté tomar fotos, pero eran tan mediocres. Supongo que cada chica pasa por la fase fotográfica. Ya sabes, caballos… Tomar fotos de sus propios pies.

Lo que ella dice me hizo pensar mucho entonces, y aun hoy. Nunca pasé por esa fase fotográfica quizás porque nunca vi mucha gente a mi alrededor usando una cámara. En mi entorno familiar pocas personas podían darse el lujo de distraerse de las tareas cotidianas, y tomar fotografías seguro les parecía un juego, pues para ellos sin duda la cámara era un juguete. Desde luego no solo el tiempo faltaba, también el instrumento y sin duda el sentido. Me pregunto si alguno de ellos tenía alguna idea de lo que atrapar un momento de sus vidas, de sus historias, podía significar en el futuro. Sin embargo, pasé por la fase de dibujar mis propios pies, el equivalente pre-escolar de la fase adolescente de la cual habla Charlotte.

Mientras preparo las notas para Voza me doy cuenta de que quizás solo ahora llego a esta fase de interés fotográfico. Claro que a estas alturas esta afición poco se corresponde con la búsqueda de identidad come la joven protagonista en la película de Coppola. Acepto una vez mas y como de costumbre que llego tarde a las tendencias. La precocidad nunca se ha contado entre mis virtudes.

Siempre me interesó la magia de la fotografía, especialmente el revelado, pero también siempre me falto paciencia. Durante un curso de fotografía en Blanco y Negro cuando empezaba la universidad, abandoné apenas viví la frustración de no poder ver a través de la lupa si la foto en el negativo estaba fuera de foco. Claro que jamás he podido ver a Marilyn Monroe componerse a partir del montón de puntitos. Quizás me falte también la imaginación.

Cuando nació Lila hace 5 años, la fotografía tomó otro sentido para mi. Me debato sin embargo entre vivir y disfrutar todos los momentos cerca de ella, o inmortalizar las imágenes que compongo mientras la sigo. Estar con ella me invita a anticipar esos momentos en los cuales todos los elementos se conjugan para crear un universo único, con sus propias reglas, invitándonos a componer una historia también única, que en la mayoría de los casos tiene mas que ver con lo que no se ve, pasado y futuro o fuera del cuadro, que con lo que atrapamos con las fronteras de nuestra mirada o de nuestro interés, aunque a veces también los limites de nuestra intensión.

También me doy cuenta de que solo las fotos que tomo de Lila poseen algún valor, no solo afectivo sino un cierto valor objetivo. Siempre he creído que esta gloria no me era exclusiva y que todas las fotos de los niños, tomadas por sus padres suelen ser buenas o cuando menos aceptables. Supongo que el afecto hacia el objeto que fotografiamos impregna la foto, con lo cual la foto es buena no porque es técnicamente correcta o porque el momento es único.

La verdad es que no sé si tengo algún talento con el objetivo, pero bien valdría la pena intentar descubrirlo. No fue hasta que un día observando el trabajo de los Street Style bloggers como Garance DoréScott SchumanHanneliTamuTommy Tom y tantos otros, que me di cuenta de que existe otro factor, y este es mi timidez, o como dice la canción de Carla Bruni, mi temor de molestar a las piedras ¿Me pregunto cómo ellos pueden acercarse a tanta gente y pedirles que ofrezcan su tiempo y su imagen para nutrir sus blogs? ¿Cómo pueden simplemente tomar fotos de personas que no saben que sus imágenes serán vistas por miles de internautas? Desde luego, con estas preguntas paso a otras sobre la ética, y sobre como estos bloggers hacen dinero usando las imágenes de otras personas. Pensé en usar una foto de Lila con una amiguita, pero inmediatamente pensé en que para hacerlo debía pedir a los padres de la niña la autorización para exponerla en mi blog, pero las cuestiones éticas son otra historia. Apuntar con la cámara fotográfica a alguien o a algo me es casi imposible, porque temo molestar, ser indiscreta, perturbar la paz del objeto fotografiado. La cámara es indiscreta, y siempre le roba al objeto algo que incluso él mismo desconoce de sí mismo.

Es mas fácil para mí tomar fotos de objetos muy cercanos, o abandonados, y aun así, un cierto estado de ansiedad se hace lugar dentro de mi imponiéndome la fuga, y la culpa, como si de alguna manera estuviese robándole la imagen.

Desde luego, mi relación con la fotografía no es sino un ángulo más de mi relación con el mundo. Nunca toco la puerta cuando esta cerrada. Quizás Voza es el comienzo de una historia para mí, en la cual existo y me doy el permiso de tomar el lugar que deseo.

Por ahora, las flores me interesan. Exploro y descubro desde donde expresar mi emoción de observarlas, de apropiarme de su sutileza. Nada original, son solo flores, siempre bellas y generosas frente a la cámara.

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