Los 12 mandamientos


En un fragmento de una película que yo titularía “La Guerra de Los dedales”, una primera escena como sacada de “El discreto encanto de la burguesía” de Luis Buñuel, muestra a los invitados como esfinges egipcias, fijas y elegantes, entre susurros y chinchines. Una mujer con un zapato en la cabeza hace su entrada en el gran salón y esta al dejar caer su abrigo en las manos del hombre que la acompaña, revela lo que será el gran tema de la noche: un vestido de seda blanco con la pintura de una langosta… NO se trata de Lady Gaga, solo porque la escena es en 1935. En el rincón opuesto, una mujer diminuta vestida de negro mira por encima de su hombro.

Dandy: ¿Quién es ella? La que esta entre Salvador (Dali) et Jean (Cocteau)
Coco: Ah, es esa artista italiana que hace vestidos

Gabrielle se refiere a Elsa Schiaparelli o Schiap para los amigos, como Salvador Dali y Jean Cocteau. Mientras el tono peyorativo de Chanel parece restarle valor al arte en el vestido, es justamente la visión artística de Schiaparelli lo que la hace permanecer como una figura relevante en la historia del vestido y de la moda. La libertad creativa de Elsa la llevo a innovar como ningún otro en la moda. A mi lo que más me gusta de sus creaciones es su deseo de jugar, su intensión de provocar y su revision del ridículo o el absurdo como posibilidad, borrando los limites estrechos de la elegancia, porque elegancia no es solo formalidad también es libertad.

Como Schiap sabía todo, sobre todo, decidió escribir los 12 mandamientos para la mujer, con la idea de ayudarnos a encontrar nuestro lugar.

1 – Como la mayoría de las mujeres no se conoce a si misma estas deberían tratar (de conocerse a sí mismas)

Voza: Conocerse a sí mismos no es siempre la solución más fácil, tampoco la más barata

2 – Una mujer que compra un vestido caro y lo modifica, generalmente con resultados desastrosos, es extravagante y estúpida.

Voza: No sólo, también es muy osada u sobre todo adinerada

3 – La mayoría de las mujeres (y hombres) son ciegos al color. Estos deben buscar sugerencias

Voza: Ninguna prueba de lo contrario, con lo cual mejor buscar consejos

4 – Recuerda – veinte por ciento de las mujeres tiene complejo de inferioridad. Setenta por ciento tiene ilusiones

Voza: Insólito pero cierto, pertenezco al 30% y al 70% a la vez

5 – Noventa por ciento tiene miedo de ser obvia y de lo que la gente pueda decir. Entonces ellas compran un traje de dos piezas gris. Ellas deberían arriesgarse a ser diferente

Voza: Siempre he creído que para quienes no somos muy atractivas naturalmente, la sola opción posible es ser diferentes, divertidas, y hasta ridículas

6 – Las mujeres deberían escuchar y buscar criticismo y consejo competente

Voza: No solo las mujeres

7 – Ellas deberían escoger sus vestidos solas o en compañía de un hombre

Voza: Mejor solas que mal acompañadas

8 – Ellas no deberían nunca comprar con otra mujer, quien a veces conscientemente y generalmente inconscientemente es apta para los celos

Voza: Jamás, el ruido de otras mujeres me perturba

9 – Ellas deberían comprar poco, y solo lo mejor o lo mas barato

Voza: Sabio consejo: lo mejor o lo mas barato

10 – Nunca adaptar el vestido al cuerpo, sino mas bien acostumbrar al cuerpo a adaptarse al vestido

Voza: Siempre y cuando el vestido no sea un Herve Leger

11 – Una mujer debe comprar sobre todo en un lugar donde ella es conocida y respetada, y no correr por allí probando cada nueva tendencia

Voza: La próxima vez que vaya a H&M trataré de hacer algunos amigos entre los vendedores

12 – Una mujer debería pagar sus cuentas

Voza: ¿Las cuentas de su guardarropa o todas sus cuentas?

Desde el 10 de Mayo hasta el 19 de Agosto Elsa Schiaparelli and Miuccia Prada: On Fashion es una exposición consagrada ambas diseñadoras italianas en el Met en Nueva York.

Línea de ensamblaje

No me interesan los autos, y Gucci no me hace soñar, sin embargo la colaboración Fiat/Gucci para la edición especial del Fiat 500 me parece estupenda. Cada vez que voy al cine, muy pocas veces, me pregunto cómo la gente puede comprar autos después de ver las publicidades horrendas de Toyota, Renault, Citröen, etc. Ninguna de las marcas me vende quién soy o quién podria ser, solo el auto. No entiendo cómo esos detalles técnicos pueden hacer una diferencia, o invitarme a integrar una maquina a mi sistema, a mi estilo. El video es de Chris Sweeney para Nowness muestra que la industria automotor necesita algún refrescamiento proveniente de otras esferas, más estéticas.

¡Feliz fin de semana!

Todo menos el N°5

Mi olfato se forma lentamente, desde hace apenas unos años. Desde luego, poco tengo de una “Nariz” entrenada, pero me deleita buscar esos aromas que estimulan paisajes, sueños, recuerdos, y fantasías. En mi recién iniciada exploración olfativa, me tope con un Chanel N° 5, perfume cargado de referencias únicas y todas esas historias que lo cargan de misticismo.

No fue hasta hace unos días que tuve la idea de explorar este perfume, para descubrir que no me incluye y que mas bien me rechaza. Supongo que según los expertos, el Chanel N° 5 y todos los demás números son aromas cuya falta de apreciación puede fácilmente dejarte desprovisto de clase, de buen gusto, y de una cierta historia que definitivamente yo no tengo. Esto es casi como no apreciar el Foie-gras y otras exquisiteces, y este es mi caso, tampoco me gusta el Foie-gras.

En Caripito, el pueblito donde nací, los olores son parte de la vida cotidiana, pero nadie se detiene a analizarlos o incluso a disfrutarlos, solo estan, como el sol o la luna. Algunos son placenteros como el del asfalto caliente cuando llueve, o el de la tierra cuando exuda sus vapores, el olor de las mandarinas cuando rompemos la piel, el de los jovitos maduros macerándose con el contacto con la tierra. Otros olores particulares, menos agradables también se agregan como el de la sarrapia, una fruta parecida a la almendra con un olor que exige el mismo coraje y ganas que la Andouillette, la verdad apesta.

¿Por qué no me conquistó el Chanel N° 5? Difícil saberlo con certeza. Quizás por la misma razón por la cual no me conquistó Paris, con su belleza obvia y ausencia misterio. La primera impresión que tuve cuando probé el mítico elixir fue el de un olor ordinario y excesivo a la vez. Pronto me di cuenta de que mi apreciación de este perfume estaba afectada por todas las infinitas copias que han intentado acercársele desde que fue creado en 1921. Chanel N° 5 fue el primer perfume a base de olores sintéticos dentro de los tonos naranja. La mezcla de muchos olores hacía del perfume algo particular, porque Mademoiselle Coco quería una creación no un olor de la naturaleza, algo que fuese concebido de la misma manera en la cual ella concebía sus ropas, como artificios que enaltecen la naturaleza de la mujer.

Fascinante darme cuenta de que justamente la generalización de algo, gracias a su éxito, les vulgariza, robándoles la capacidad de sorprender de invitar a descubrir sus misterios. Y claro no tengo nada en contra de las creaciones accesibles a todo el mundo (las havaïanas son para mí la cumbre del diseño, practico y democrático) pero con los olores es diferentes, la saturación del olfato por exceso de un mismo aroma me aniquila.

Lo siento Gabrielle, el artificio le gusta a mis ojos, pero con todas las ganas que tengo de admirar todo lo que hiciste mis otros sentidos definitivamente prefieren la naturaleza.

Bill Cunningham New York

“Todo el mundo tiene gusto, pero ellos no se arriesgan a ser creativos”. Dice Bill Cunningham apenas comienza el documental sobre sí mismo. Pareciera que cualquier persona inteligente y creativa, como Grayson Perry, tiene la misma apreciación sobre la ropa y el estilo.

No tiene sentido contar de qué se trata el documental, con la esperanza de que podrán verlo aunque sea en mil segmentos en Youtube.com. Pasaron meses antes de que pudiese organizar una salida matutina para ver esta película. Fue apenas el domingo pasado cuando logré conjugar todos los elementos (con excepción del clima, viento y frio en primavera) para poder asistir a un encuentro cercano con William Cunningham, el pionero en el Street Style neoyorkino. Cuando uno ve Bill Cunningham New York se entiende como Scott Schumann vino a ocupar un lugar que en algún momento Bill dejará vacante después de más de cinco décadas mostrando el estilo en las calles de Nueva York, conjugándoles, interpretándoles, captando las tendencias del momento y las pasarelas del futuro.

Bill no solo es un fotógrafo documentalista, qué decir, Bill es sobre todo un ávido observador del vestido. Su pasión son las ropas, y eso le ha guiado durante todo este tiempo a capturar la esencia, las referencias, las influencias, las conexiones que hacen del vestir un verdadero lenguaje social y estético.

Para aquellos que se deleitaron descubriendo a Grace Coddington en The September Issue, este documental les descubrirá un ángulo de la moda similar, en el cual la pasión es el único motor, la sola inspiración.

Bill Cunningham fue uno de los fundadores de la revista Details, a principio de los 80. Su participación hacia por lo menos 90% de la revista, con lo que él deseaba, según sus propias palabras porque “si no me pagan puedo hacer lo que quiero”. Cuando el grupo Conde Nast compra la revista, Bill rechaza el pago que le corresponde diciendo “El dinero es lo mas barato. La libertad es lo mas caro.”

Me encanta cuando en algún momento cuando esta diseñando su pagina del New York Times y dice algo como: Esta niña es bellísima. No es una modelo, es alguien que paga por sus ropas, quiero que esté en la pagina. Lo gracioso es que esta hablando de Lauren Santo Domingo, y es difícil creer que no sabe quién es porque LSD trabaja para Vogue, es una de las fundadoras de Moda Operandi, y es una presencia constante en la vida social neoyorkina, que Bill frecuenta tan asiduamente como la calle y los desfiles durante la semana de la moda.

En algún momento  Bill juega al indiferente cuando Catherine Deneuve sale de un desfile en Paris. Apunta a los paparazzi, diciendo que él  también pudo haber sido uno de ellos pero que no le interesan las celebridades con sus ropas prestadas, o mas bien gratis.

El documento en sí mismo no es para nada novedoso o pretendidamente estético, pues sigue el formato clásico del documental para la televisión donde se conjugan entrevistas y otros materiales, sin embargo, esta tan lleno de apreciación por el trabajo de este ícono de la moda, que uno termina tratando de cubrir las lagrimas de emocion. Esta película es una gran lección, una oda al trabajo y a la dedicación.

Detrás de su deseo de fotografiar, de capturar la esencia de las ropas, elegancia o creatividad, no existen ni juegos ni intensiones. Bill Cunningham no cuenta sus seguidores, ni vende sus espacios publicitarios, tampoco vende sus fotos a precios increíbles como Tommy Ton (quien declara que una foto suya puede ser vendida hasta en 20.000$), pero porque sobre todo jamás vende el copyright de sus fotos, todas organizadas en archivos de metal desde principios de los 60, que ocupan su espacio vital. Quizás por eso Anna Wintour dice: “De alguna manera todas nos vestimos para Bill”. Porque el Diablo además de vestirse de Prada sabe cuales son los juegos financieros detrás de la aparente inocencia de los fotógrafos tratando de obtener una foto suya, y también sabe que Bill no es uno de ellos.

Obsesión: Wagashi

Ya lo he dicho, me repito, pero es cierto, no son muchas las cosas que extraño de mi vida en Paris. Mi nostalgia se construye sobre todo cada sábado cuando recuerdo mis paseos con Mihai, y luego con Lila, en los mercados orgánicos de Paris, especialmente Batignolles, cerca de donde viciamos en el IX. En Londres, los Farmer’s Markets no son ni la sombra pálida de los juegos de colores, sabores y pasiones de un mercado de calle Francés. De lo demás, incluso de la cocina, la elegancia y el savoir-vivre Francés, puedo prescindir. Sin embargo, cada vez que regreso a Paris, algunas obsesiones organizan mis recorridos de la ciudad. La mayoría de esas obsesiones son gustativas, y curiosamente ofrecen un otro perfil de Paris, ese que la hace una ciudad del mundo, no solo la capital francesa.

Una de esas obsesiones es la comida japonesa en la rue Sainte Anne, especialmente una bodega/traiteur tradicional Juji-Ya (46 Rue Sainte-Anne, 75002 PARIS 02, France)  en el cual come uno comida japonesa fresca y simple, especialmente bentos, que puede uno bien imaginar adornan las mesas de las familias japonesas cada día. Aunque este es un punto de pasaje obligatorio, el mejor motivo para ir a Paris son los Wagashi, o la pastelería tradicional japonesa, cuyo único proveedor en Paris es el apacible y sensible salón de té Toraya (10, Rue St-Florentin, 75001 Paris).

La casa Toraya tiene mas de seis siglos de historia en Japón y ha sido la pastelería imperial japonesa desde sus inicios. Instalados primero en Kyoto y luego siguiendo al emperador a Tokyo, Toraya posee hoy 70 tiendas en Japón, y algunas en el mundo, incluyendo la de Paris, creada en 1980. Podría traducir y amalgamar informaciones encontradas aquí y allá, pero prefiero tratar de organizar la obsesión.

Descubrí Toraya hace algunos años de la mano de Claire Bardaine, una amiga, diseñador grafico y alma extremadamente sensible, de dulce hablar. Sus gestos lentos, parsimoniosos y precisos son parte de Toraya para mí. El salón de te es riguroso, y guarda todas señas de la época en la cual fue concebido, los 80, pero siempre muy japonés, discreto, austero y confortable.

Los ingredientes básicos de esta pastelería son el adzuki bean, un frijolito rojo pequeñito, el agar-agar que es una gelatina de origen marino, y la harina de arroz. Sin embargo, la experiencia de estos mismos ingredientes evoluciona atravesando el tiempo, gracias a la particular combinación de los mismos para celebrar el paso de las estaciones, a través de los Namagashi, pastelerías de estación, estos realizados siempre artesanalmente por maestros pasteleros expertos.

Los pasteles Namagashi siguen las curvas de cada momento, representando los elementos de cada estación. Lo más extraordinario es el placer que proveen a todos los sentidos, el sabor delicado de los ingredientes, dulces al paladar; el aroma cuando los recibimos, cuando los cortamos y cuando los acercamos a la boca; la textura en las manos siempre blanda y resistente a la vez; para luego llenar todos los rincones de la boca; todo esto conjugados con la visión de bosques y jardines exuberantes, y sus ruidos imaginarios.

La experiencia de estos pasteles continua siendo estación tras otra, única e irrepetible. Durante mi última visita al Toraya, durante el mes de Marzo, probé una pastelería de primavera, el  Arashiyama o Mt Arashi, llamado así como referencia al área cerca de Kyoto celebrada siempre por sus flores de cerezo. Para mí, el acompañamiento perfecto es el té de arroz grillado. Y claro la tetera, es demasiado irresistible.

Los wagashi me inspiran por su delicadeza. Me conmueve su síntesis de la naturaleza y la celebración de las estaciones hecha ceremonia.

Mejores amigas

Karen Elson cantante, vieja historia. Paro las viejas historias son nuevas cuando las llamamos Vintage. Buscaba videos de Sarah Sophie Flicker de The Belles of the Black Diamond Field, y descubrí que Karen y Sarah son amigas, íntimas amigas, y que todos (o casi todos) los videos de la primera, también este que me encanta, son del dúo Maximilla Lukacs y Sarah Sophie Flicker.

La estética del video de “The truth is in the dirt” es tan Flicker, más Flicker imposible, pero es también muy Elson. Todas las imágenes encantadoras, cuentos de hadas inspirados por la nostalgia. De Sarah Sophie me dan ganas de hablar, o de escribir, un montón, pero ella y su universo exigen organización, esto es tiempo. Por ahora, una prueba de la gran complicidad.

Lay Down Lean 2006. Super 8. Dirigido por Maximilla Lukacs y Sarah Sophie Flicker.  Producido por The Belles of the Black Diamonf Field. Estilismos: Leith Clark. Actuan: Karen Elson, Zoey Deschanel y Sarah Sophie Flicker.

Feliz domingo!

Perfil: Hanneli

Hanneli via Tank Magazine

Hanneli Mustaparta no es sólo un blogger más. Un maniquí Noruega se convence de la imposibilidad de forjarse una real carrera como modelo, quizás porque su belleza es más bien normal y facil, y porque solo algunas de entre millones llegan a hacer una trayectoria consistente. Su pasión por la moda la invita a intentar, como muchas otras (Helena Christensen, Marina Muñoz, Ines de la Fressange) la fotografía, justo cuando la fotografía amateur del Street Style y los blogs de moda hacen eclosión. Su mirada sobre la moda es transparente, y apenás parece notar lo que le gusta. A pesar de que Hanneli también se siente obligada a seguir los dictámenenes de la moda, sin rastro alguno de ridículo o de diversión en su manera de vestir y un estilo vago, ha logrado hacerse de un lugar en el alto circuito de la moda, como un ejemplo de las nuevas generaciones de modelos–celebridades-internet (que enlista a tantas otras bloggers como Leandra Medine, Susie Bubble, Natalie Joos, Kelly Framel, Alix Bancourt, ). Estas chicas son fácilmente invitadas a editar o diseñar marcas diversas, pequeñas o grandes. Estas nuevas “modelos”, gente normal y accesible, representa justamente un camino a medio andar entre la gente normal como nosotros y las representaciones idealizadas de las revistas, son también nuevas celebridades nacidas de internet como nuevo universo entretenimiento.

Lo más interesante de la historia de Hanneli es que su blog no pretende hacer demasiado, ni siquiera hace alardes de un concepto o de un extremo conocimiento (me encanta su entrada en la cual cuenta cómo se le acerco a Stephano Pilati para pedirle si podía tomarle una foto, sin tener idea de quién era). Hoy día cuando todos sabemos la sacrosanta formula según la cual para ser gente de moda tenemos que ser expertos enciclopédicos en contacto con el olimpo de la moda o gente con una muy particular idea de la moda, Hanneli encanta por su frescura y por las ganas de compartir casi en primer grado, aparentemente lejos de cualquier intensión financiera, su experiencia de la moda en cámara lenta y sin claves secretas.

Lo que más me gusta del blog de Hanneli es que no tiene uno la impresión de busca generar tráfico o tener más seguidores. No intenta golpes de teatro o intenta ser controversial con la idea de cenerar comentarios, y mucho menos parece rentabilizar su trabajo bloggistico (como es el caso de Garance Doré, The Sartorialist y de Susie Bubble, y de The Glamourai entre otros) y es que Hanneli, el blog, ni siquiera tiene anuncios. Su blog es un blog personal, en el cual la autora comenzó a documentar sus experiencias de la moda y sus trabajos con grandes marcas. Más conocido desde que vive en Nueva York, este pasó a ser el blog personal como el de cualquier celebridad, porque Hanneli es una celebridad en proceso de construirse ¿Por qué y cómo? La respuesta es Vogue. Hanneli trabaja para el site de la revista, haciendo uso de sus múltiples talentos. Lo más interesante de Hanneli, (Vogue y sus secuaces supieron reconocerlo rápidamente) es que era una modelo sin mucho o ningún trabajo que puede ella misma escoger la ropa que usa y sobre producir sus propias editoriales, hacer los estilismos y estandarte de la ultima revolución que es fotografiarse a sí misma (lo confirman sus trabajos para Rag and Bone, Acne, Barneys, entre otros). En pocas palabras Hanneli ofrece un paquete moda completo, el más completo posible porque también tiene un grupo de seguidores, de gente con la cual ella esta más en contacto que Anna Wintour con alguno de sus empleados.

Desde que Vogue la cuenta entre sus mejores vestidas constantemente (¿Con la idea de una portada?) y como invitada de las fiestas más snobs neoyorkinas, Hanneli también ha dejado de ser la Girl Next Door que conocimos en los comienzos del blog, para convertirse en “socialite”, figura frecuente durante las semanas de la moda y musa de otros bloggers, con solo la pareja Doré-Schumann resistiéndose a su encanto. Hanneli es representante cuasi-oficial de ACNE la marca sueca, y artífice de cómo usar e interpretar las tendencias en Vogue. Todo esto con la mejor ventaja de haber reactivado una carrera dormida como modelo, y creo que ella es quizás la más sorprendida. No es la unica en esta categoria, también Candice Lake es una modelo pasando detras de la camara con una larga lista de colaboraciones para Vogue(s) de muchos horizontes, sin publicidad en el blog, y aparentemente pocas intensiones de hacer colecciones capsula.

El estilo de Hanneli me deja indiferente (como el de muchas otras estrellas del StreetStyle: Anna Dello Russo o ) pero su sonrisa, dulzura y evidente camaradería con otros bloggers, me hacen verla como a la protagonista de una historia a quien desde luego le deseas un final feliz.

Grayson tiene algo que decir sobre la moda

No recuerdo cuando comenzó mi obsesión con Grayson Perry, ganador del Premio Turner de arte contemporaneo en el 2003. Me gusta su rollo. Me gusta Claire, su alter ego. Me gusta su familia. Me gusta que diga que lo más interesante en la vida de Damien Hirst es su cuenta bancaria. Me gustan sus potes de cerámica. Pero lo que más me gusta de Grayson Perry son sus opiniones. Me gusta mucho escucharlo y verlo hablar, por ejemplo de la diferencia entre arte y artesanía, o sobre la importancia o mas bien la necesidad de la religión.

Me sorpremdio su parte en este debate que tomo lugar en Westminster Hall en 2010, organizado por Intelligence square: The world of debate, en el cual personalidades conectadas con la moda discuten sobre lo que la moda hace de las mujeres.

Me encanta lo que dice sobre el temor de verse ridículo:

Pueden preocuparse de parecer ridículos, pero puedo decirles, un pequeño consejo para todos aquí. Si quieres llegar a ser interesante en tus ropas, tienes que arrojar esa idea por la ventana. Creo que lucir ridículo es mejor que lucir como un payaso caminando. Según Grayson, esto esto es algo como un idiota controlado por los dictámenes de la moda, y quién mejor que él travestido muy serio para hablar de esos pobres seres necesitando reglas, también para vestirse.

Si, acepto

Hace unos días preparaba un cuadro con momentos inspiradores y felices de nuestra vida en familia para Lila, solo para descubrir que no tenemos muchas fotos de nosotros juntos, quiero decir de la pareja, los padres. De pronto me di cuenta de que debe ser esta la razón por la cual la gente se casa, la idea de hacer del evento algo memorable, pero sobre todo con la intensión de guardar fotos  presentables juntos.

La solución inmediata a este problema fue pedirle a la otra parte de la pareja si aceptaba casarse conmigo. Desde luego esta solicitud le dejo con los ojos grandes y la barbilla contra el pecho, porque entre otras cosas ya nos casamos. Claro que entonces, para el momento del gran evento, las cámaras digitales no eran sino gadgets de ultima generación  con consciencia transitorias, lo mejor del mundo digital aun estaba por llegar, también el billonario Instagram. Tampoco existían las redes sociales., Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr, etc. Todo esto junto sólo nos da unas cuantas fotos de una dudable calidad perdidas en algún archivo digital que exigiría el mejor trabajo antropológico posible, el de un experto.

Bien, casarnos para tener fotos decentes con las cuales componer el fulano collage que quería hacer para Lila es una posibilidad, pero muchos aspectos negativos, o poco realista, pesan. El primero es desde luego la inversión monetaria, aunque si sólo lo hacemos por unas fotos, no tendríamos que invitar a nadie, con el fotógrafo bastaría. Pero en esta soledad, quizás nos faltaría esa energía desbordante, esa excitación que exudan las fotos de bodas. El otro inconveniente, y el más serio,  es que no me imagino una foto de nosotros maquillados y vestidos como para decorar un pastel de 10 pisos, en el patchwork de la vida espontáneamente feliz de Lila. Pero lo más complejo es que aun cuando no posemos especialmente para una foto, las fotos de boda siempre parecerán montadas porque de alguna manera uno se prepara durante meses (y algunos incluso años) para el espectáculo.

Entonces recordé esta foto de Paul Newman y Joan Woodward (via Habitually Chic Blog) que guardé hace tiempo, conmovida por la perfecta expresión de amor y complicidad que desprende. Me mata que él esté descalzo, desnudo, y ella tan vestida, calzada, sin embargo él parece protegerla de lo que ocurre alrededor. Esta foto es toda una película, y este es el modelo de las fotos que quisiera guardar de mi historia amorosa. El mayor inconveniente es que no somos famosos, y aunque seguro podríamos conseguir que alguien nos haga una fotonovela (nada mal como idea para un negocio de estos días cuando la gente se toma fotos a si misma como si estuviesen huyendo de un paparazzo) de la cual sacaríamos instantes como este, nunca me sentiría afectivamente ligada a una memoria no espontánea de nuestras vidas.

Tendremos que esperar a que Lila crezca, quizás ella nos hará esas fotos románticas que sueño, esas donde la gente hace, vive, y sobre todo, no sabe que la cámara esta allí.