Muta

Miuccia, Miuccia… ¿Cómo puede saberlo todo? No sólo sus colecciones son de colección, sus bolsos icónicos, también su ojo para el arte es irreprochable. Mientras muchos pueden fácilmente conectar a Sofía Coppola o a su amiga Zoe Cassavettes (y de hecho Miuccia lo hace) como las cineastas-moda, la argentina Lucrecia Martel apenas si pasaría como una ave rara en el paraíso del cine argentino. Esto sin contar con que su imagen poco alimenta los sueños de elegancia de la gente de la moda. Siempre escondida detrás de sus anteojos de pasta oscura y su cabellera recién lavada, Lucrecia asistió al estreno de su película en selección oficial en Cannes con un vestido-uniforme de colegio de monjas y una camisa blanca, que probablemente inspirarían a Miuccia o a Luella, pero que poco impacto tendrían en el grupo de quienes perciben la moda y la elegancia, especialmente cuando las mujeres L’oreal se encargan de brillar a todo trapo.

Muta de Lucrecia, es una contribución a la serie The Women’s Tale de Miu Miu. La película es impactante, a riesgo de sonar vacía por lo de impactante, pero me refiero de verdad al impacto que tuvo en mí. Es tan especial esta película que senti mucha confusión, desplazando la necesidad de interpretarla. El título parece guardar la clave, y en ese barco a la deriva en una locación improbable para los vestidos de Miu Miu, sobre el rio Paraty, asistimos a escena que bien podría ser parte de las mejores intensiones de Román Chalbaud, cineasta culto venezolano, o más extensivamente de la estética de un cine sudamericano probable.

Empecé a seguir a Lucrecia desde La ciénaga, que vi en Buenos Aires durante un viaje de trabajo en el 2001. Desde entonces sigo sus trazos donde quiera que voy. Algunos años mas tarde, asistí a la proyección como parte de la selección oficial de La niña santa, que si bien no me cautivó tanto como La Ciénaga (quizás porque los Almodóvar producían a la niña) me mostro a una directora tratando de nutrir su vocabulario visual y temático, y sobre todo el drama que se esconde detrás de los eventos cotidianos. En el 2009, en mi sala MK2 favorita en Beaubourg vi La mujer sin cabeza, que una vez más mostraba a esos personajes engullidos por la naturaleza y el aislamiento, sin dirección. Muta es el mas reciente proyecto de Lucrecia, y no puedo sino deleitarme con la conexión entre dos mujeres a quienes me gustaría parecerme, dos más, Lucrecia Martel y Miuccia Prada.

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