Si, acepto

Hace unos días preparaba un cuadro con momentos inspiradores y felices de nuestra vida en familia para Lila, solo para descubrir que no tenemos muchas fotos de nosotros juntos, quiero decir de la pareja, los padres. De pronto me di cuenta de que debe ser esta la razón por la cual la gente se casa, la idea de hacer del evento algo memorable, pero sobre todo con la intensión de guardar fotos  presentables juntos.

La solución inmediata a este problema fue pedirle a la otra parte de la pareja si aceptaba casarse conmigo. Desde luego esta solicitud le dejo con los ojos grandes y la barbilla contra el pecho, porque entre otras cosas ya nos casamos. Claro que entonces, para el momento del gran evento, las cámaras digitales no eran sino gadgets de ultima generación  con consciencia transitorias, lo mejor del mundo digital aun estaba por llegar, también el billonario Instagram. Tampoco existían las redes sociales., Facebook, Twitter, Instagram, Tumblr, etc. Todo esto junto sólo nos da unas cuantas fotos de una dudable calidad perdidas en algún archivo digital que exigiría el mejor trabajo antropológico posible, el de un experto.

Bien, casarnos para tener fotos decentes con las cuales componer el fulano collage que quería hacer para Lila es una posibilidad, pero muchos aspectos negativos, o poco realista, pesan. El primero es desde luego la inversión monetaria, aunque si sólo lo hacemos por unas fotos, no tendríamos que invitar a nadie, con el fotógrafo bastaría. Pero en esta soledad, quizás nos faltaría esa energía desbordante, esa excitación que exudan las fotos de bodas. El otro inconveniente, y el más serio,  es que no me imagino una foto de nosotros maquillados y vestidos como para decorar un pastel de 10 pisos, en el patchwork de la vida espontáneamente feliz de Lila. Pero lo más complejo es que aun cuando no posemos especialmente para una foto, las fotos de boda siempre parecerán montadas porque de alguna manera uno se prepara durante meses (y algunos incluso años) para el espectáculo.

Entonces recordé esta foto de Paul Newman y Joan Woodward (via Habitually Chic Blog) que guardé hace tiempo, conmovida por la perfecta expresión de amor y complicidad que desprende. Me mata que él esté descalzo, desnudo, y ella tan vestida, calzada, sin embargo él parece protegerla de lo que ocurre alrededor. Esta foto es toda una película, y este es el modelo de las fotos que quisiera guardar de mi historia amorosa. El mayor inconveniente es que no somos famosos, y aunque seguro podríamos conseguir que alguien nos haga una fotonovela (nada mal como idea para un negocio de estos días cuando la gente se toma fotos a si misma como si estuviesen huyendo de un paparazzo) de la cual sacaríamos instantes como este, nunca me sentiría afectivamente ligada a una memoria no espontánea de nuestras vidas.

Tendremos que esperar a que Lila crezca, quizás ella nos hará esas fotos románticas que sueño, esas donde la gente hace, vive, y sobre todo, no sabe que la cámara esta allí.

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