Todo menos el N°5

Mi olfato se forma lentamente, desde hace apenas unos años. Desde luego, poco tengo de una “Nariz” entrenada, pero me deleita buscar esos aromas que estimulan paisajes, sueños, recuerdos, y fantasías. En mi recién iniciada exploración olfativa, me tope con un Chanel N° 5, perfume cargado de referencias únicas y todas esas historias que lo cargan de misticismo.

No fue hasta hace unos días que tuve la idea de explorar este perfume, para descubrir que no me incluye y que mas bien me rechaza. Supongo que según los expertos, el Chanel N° 5 y todos los demás números son aromas cuya falta de apreciación puede fácilmente dejarte desprovisto de clase, de buen gusto, y de una cierta historia que definitivamente yo no tengo. Esto es casi como no apreciar el Foie-gras y otras exquisiteces, y este es mi caso, tampoco me gusta el Foie-gras.

En Caripito, el pueblito donde nací, los olores son parte de la vida cotidiana, pero nadie se detiene a analizarlos o incluso a disfrutarlos, solo estan, como el sol o la luna. Algunos son placenteros como el del asfalto caliente cuando llueve, o el de la tierra cuando exuda sus vapores, el olor de las mandarinas cuando rompemos la piel, el de los jovitos maduros macerándose con el contacto con la tierra. Otros olores particulares, menos agradables también se agregan como el de la sarrapia, una fruta parecida a la almendra con un olor que exige el mismo coraje y ganas que la Andouillette, la verdad apesta.

¿Por qué no me conquistó el Chanel N° 5? Difícil saberlo con certeza. Quizás por la misma razón por la cual no me conquistó Paris, con su belleza obvia y ausencia misterio. La primera impresión que tuve cuando probé el mítico elixir fue el de un olor ordinario y excesivo a la vez. Pronto me di cuenta de que mi apreciación de este perfume estaba afectada por todas las infinitas copias que han intentado acercársele desde que fue creado en 1921. Chanel N° 5 fue el primer perfume a base de olores sintéticos dentro de los tonos naranja. La mezcla de muchos olores hacía del perfume algo particular, porque Mademoiselle Coco quería una creación no un olor de la naturaleza, algo que fuese concebido de la misma manera en la cual ella concebía sus ropas, como artificios que enaltecen la naturaleza de la mujer.

Fascinante darme cuenta de que justamente la generalización de algo, gracias a su éxito, les vulgariza, robándoles la capacidad de sorprender de invitar a descubrir sus misterios. Y claro no tengo nada en contra de las creaciones accesibles a todo el mundo (las havaïanas son para mí la cumbre del diseño, practico y democrático) pero con los olores es diferentes, la saturación del olfato por exceso de un mismo aroma me aniquila.

Lo siento Gabrielle, el artificio le gusta a mis ojos, pero con todas las ganas que tengo de admirar todo lo que hiciste mis otros sentidos definitivamente prefieren la naturaleza.

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