La retractación

Unrelated, un film de Joanna Hogg

Hace poco más de dos semanas planeamos ir al cine, la salida del mes. La proposición de Mihai fue inmediatamente revocada, y cruelmente descalificada: Yo… No voy a ver Avengers. Vamos a ver una película de verdad, Le Havre de Kaurismaki.

Me doy cuenta, mientras releo esta frase, de que todavía quedan restos de mi época cinéfila (e insufrible), cuando era joven y estaba segura de que la razón llevaba mi nombre, una joven pedante y con pocas maneras. Por suerte Mihai es más inteligente y sensible que yo, como para invertir tiempo en discutir y tratar de hacer valer sus gustos, porque sabe que aunque mi juicio de The Avengers sea ciego e infantil, las películas que quiero ver siempre abren una ventanita a mundos mas discretos pero no menos espectaculares.

Le Havre se convirtió apenas comenzó en la experiencia cinematográfica del año, y confirmo no solo la maestría de Aki Kaurismaki, sino el poco talento de los cineastas europeos para trabajar sobre temas sociales y políticos. Kaurismaki prueba con Le Havre que no hace falta hacer alardes de seriedad para abordar temas sociales, incluso con mucho humor.

Una vez mas mis criterios y mi intuición respaldaban mi reputación. No fue sino hasta hace unos días cuando asistí a la proyección de la primera película de Joanna Hogg, que la historia de mi retractación comenzó a construirse, sin saberlo. Unrelated, la película, es perfecta, y muestra a una familia de vacaciones en Toscana, en la mejor tradición de Eric Rohmer, y a una invitada en la difícil situación de decidir con quien relacionarse, obligada a corresponder al grupo de adultos pero incontrolablemente atraída por los mas jóvenes. Pronto me vi extrañamente identificada con Anna, la pobre mujer atrapada en el dilema, y absolutamente empática con su situación pues la principal razón de su dilema es perfectamente convincente, un joven muy seguro de si mismo, sensible, inteligente y espontáneo llamado Oakley, interpretado por Tom Hiddleston, un actor como pocos he visto durante mi historia como espectador de películas. Pocas veces los actores me conmueven pero Hiddleston logra poseer al personaje dedo por dedo, celularmente.

Kathryn Worth y Tom Hiddleston

Esto solo me paso recientemente con Sally Hawkins, la peligrosamente feliz Poppy de Happy Go Luck de Mike Leigh. A riesgo de ser poco original, me pregunto por qué ambos, y muchos otros tantos actores con peso son precisamente ingleses. La respuesta me lleva al método, el peso de la tradición en el arte dramático, y quizás a la necesidad de probarse según las reglas shakespereanas antes de buscar un rol. Mientras, los actores americanos parecen solo seguir las reglas que dan meritos a los niños actores, esto es la espontaneidad y la improvisación. Los actores ingleses no son los más lindos, pero son sin duda los mejores.

Desde que regresé a casa, el nombre del joven actor ocupa el primer lugar entre las palabras clave más buscadas. Esto solo para descubrir que tendré que encontrar una forma de retractarme e invitar a Mihai a ver The Avengers porque Tom es nada más y nada menos que Loki, el villano sin el cual los héroes no existirían. Algunas de mis herramientas de retractación podrían ser la crítica de Time Out o aun más consecuente con el tipo de películas que suelo apreciar, la de Cahier du Cinema, o por qué no las buenas razones de taquilla, esta ultima poco convincente para mis estándares. La otra opción, mentir, ir a ver The Avengers sola y jamás confesarlo.

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