Flores sobre mesa blanca oxidada

Millones de ideas pululan mi mente, ideas con muchos objetivos, entre otros el de volver a Voza. El tiempo es justísimo por estos días entre mis obligaciones maternales, un nuevo trabajo, mi colaboración con Art For Youth, los toques finales de nuestro apartamento en Paris, y mis sueños.

Pensaba escribir sobre las alergias de verano, las ofertas de final de temporada, sobre la dificultad de remodelar viviendo lejos, sobre el sistema educativo inglés, sobre Tommy Tom. Nada demasiado importante sin duda, si no, habría encontrado un momento. Mientras termino de rendir un video para Art For Youth, y hago llamados para hacer entregar las camas en Paris, decido que vale la pena cuando menos compartir una imagen que me inspira.

En la foto, esas flores esperando ser erigidas estandartes de belleza y frescura, y que han encuentrado el mejor de los contextos durante una transicion (que yo estableceria eterna) sobre los colores de esa mesa, pura y oxidada a la vez. Estos momentos o mas bien estas historias se recrean en millones en el mercado de los corotos, y especialmente en el Marché Paul Bert de Clignancourt. Esta imagen refleja los colores del lugar donde quisiera soñar durante este verano, y pensandolo bien durante toda una vida.

Las flores son siempre esa puerta gracias a la cual puedo acceder a mi propio pais de las maravillas.

No tardo…

Charmante vendeuse

Pasar un fin de semana en Paris obliga una visita (o dos) al mercado de las pulgas (y antigüedades) de Clignancourt en el norte de Paris. El domingo pasado  excepcionalmente llevé mi cámara. Mientras me paseaba por el Marché Biron, mi preferido, porque es allí donde consigo esas pequeñas cosas que se hacen lugar en mi vida, como si las hubiese heredado de algún pariente: bordados, crochet, cuentas, pompones, juguetes, porcelana barata, y otras cosas menos fáciles de catalogar como una pulsera de Sainte Thérèse que combino con mi brazalete de Pyrrha y otro brazalete de plata, un bello recuerdo de San Telmo, durante mi ultimo viaje a Buenos Aires.

Apenas pasé por esos puestos que siempre me llaman, me topé en una de las galerías con la hermosa atmosfera de un Cabinet de Curiosités, esos espacios donde se acumulan pequeños objetos de la naturaleza sin la taxidermia de costumbre. La “Charmante vendeuse” estaba allí reajustando “la atmosfera”, como si esta tuviese controles (seguro los tiene).

Le tomé un par de fotos sin que ella lo percibiera, antes de acercarme a la colección de caracolitos, hermosa, romántica. Apenas vi la coleccion en la vitrina me pregunté quién, como, cuando y donde. Las respuestas que espontáneamente harían la sinopsis de una película perfecta (y las cajitas, después de esto la verdad no sé si coleccionar caracoles o cajitas). Verbalicé las preguntas para que la chica me respondiese en perfecta armonía con mis ilusiones. Se trata de un coleccionista de caracoles desconocido en el norte de los Estados Unidos quien trabajo hacia finales del Siglo XIX. Ella agrego orgullosa que había comprado la colección completa, unas 3000 piezas. Cuando se acerco, su pasión desbordaba sus ojos, y yo solo pensaba en cuanto placer tendría el lente de mi cámara de suspender esta pasión (además su abrigo desgarrado por el tiempo era sublime). Me conto que cada año en Paris hay un salón del caracol (en Francés Le Salon International du Coquillage, Ahhh), lo cual solo venia a enriquecer la maravillosa historia de esa película que ya había titulado “El rastro del caracol”.

Cuando hablábamos, le pregunté si podía tomarle una foto, allí donde estaba parada. Su timidez era aun mayor que la mía. Con la idea anclada de obtener una foto suya, pude capturar su consciencia de mi presencia (y la de la cámara), que sin que yo lo explique solo podría leerse como su escape hacia otros lugares y tiempos. Pienso en Robert Bresson, en como dirigía a sus actores sin darle la mas mínima explicación sobre las emociones o intensiones detrás de sus acciones, esto es cuando mira hacia allá sin sonreír puede transformarse en melancolía, tristeza, y tantas otras emociones, condicionadas por otros planos, pero no solo, también por la experiencia de vida del espectador.


Cupido guerrillero

Paris se ha refrescado. En pocos años la cortina en piedra de la historia pareciera haberse permeado, dejando  penetrar la excitación de manifestaciones informales, pero para nada espontaneas. Quizás la frescura siempre estuvo allí y solo he sido yo quien nunca percibió el lado ligero de la ciudad luz. Como siempre, es preciso alejarse para ver mejor.

Hace unos días, mientras buscaba la tienda Weber en Le Marais (3ème Arrondisement) para comprar unos alambres de cobre para hacer una lámpara (si, leyeron bien, una lámpara, un lustre, ya les mostraré) me topé con este esténcil, que he nombrado “Cupido Guerrillero”. Confieso  que quizás no lo habría notado si no fuese por mis amigos Marc y Michèle Baschet, quienes progenitores orgullosos me hablaron el día anterior del trabajo de su hijo Timothée, quien hace con mucho éxito y reconocimiento un repertorio del Arte en las calles parisinas.

Esto solo quiere decir, venerados turistas, que entre la Place Vendome y la Tour Eiffel ahora existe una galería que toma como soporte la piedra haussmanienne, el oro napoleónico, y otros incluso mas intrincados, que hacen reconocerme el espectador de calles inédito que siempre negué.

Je te salue nouveau Paris !

Los colores (y sabores) de Rose Carrarini

Rose Carranini es la artífice de una conquista improbable. Los Franceses se han dejado seducir por las recetas inglesas de esta londinense, hija de inmigrantes italianos, desde hace un momento. Evento improbable en una cultura orgullosa de su historia culinaria. La cocina Francesa, gracias a un marketing de vieja data, sigue recibiendo los mismos elogios y sobre todo sigue coleccionando adeptos. Con la sola diferencia de que la vieja cocina galla, con sus excesos grasos y animales, comienza a saturar un paladar que se quiere mas ligero y sin opulencias.  Es así como Rose y su marido, han hecho de Rose Bakery, la gran referencia inglesa de la gastronomía parisina. Desde sus comienzos en la rue de Martyrs, Rose Bakery se ha extendido hacia El Marais y Bastille, pero no solo. Hoy dia, el pequeño restaurant/Salón de té cuenta con sucursales en Londres, en Seúl y en Tokio, con un proyecto de abertura en Tel Aviv en poco tiempo.

El secreto del éxito de Rose Bakery, los sabores y colores, de una cocina simple y gustosa, que yo siempre he percibido como “esa cocina que haríamos si cocinásemos en casa”. Cocina del mercado, fresca y deliciosa, orgánica, servida con uno de los mejores panes de la ciudad, agua tratada en el sitio, y sobre todo una cocina donde las legumbres son protagonistas, lo cual constituye un la identidad del lugar.

Rose Carrarini tiene algo del gurú londinense Ottolenghi, con la diferencia de que la primera opta por una cocina mas simple y mas equilibrada. Ambos, tanto Ottolenghi como Rose Bakery explotan el concepto de la ensalada fresca en bol gigantes que uno sirve y combina a gusto y sin reglas, acompañadas de una gran oferta de cakes y otros dulces. El único bemol de Rose Bakery son sus precios, excesivamente elevados, pues aunque alineados con el aumento incesante de los precios parisinos (nadie come fuera hoy día por menos de 15€), aun así, Rose Bakery sigue siendo el perfecto refugio para quienes como yo pueden pasan de la Andouillete, el cassoulet, el pato confitado y otros estandartes del acerbo culinario Francés.

Lo mas, que Rose Bakery hizo descubrir a los parisinos el Eton Mess, postre iconico del verano londinense.

¿Donde degustar los colores y sabores de Rose Carrarini?

Quartier Martyrs: 46 Rue des Martyrs. 75009 Paris, France
Le Marais: 30 Rue Debelleyme. 75003 Paris, France
La Bastille: 10 Boulevard de la Bastille. 75012 Paris, France lamaisonrouge.org
Dover Market: 17-18 Dover Street. London W1S 4LT
Seúl: 739-1 Hannam-dong, Yongsan-gu. Seoul, South Korea
Tokio: Japan, Tokyo, Chiyoda, Marunouchi. MY PLAZA Marunouchi 2-1-1 1F (Meiji Yasuda Life Insurance Building)

La levedad

El jubileo termino, y yo celebro. Nunca he sido muy sensible a las celebraciones publicas, ni las mías ni las de los demás. Una de las consecuencias que rescato de estas fiestas es quizás el buen animo que ha dejado esta celebración entre los ingleses, tan orgullosos de su reina, quien disfruta hoy día, en tiempos de crisis del mayor rating de popularidad de sus 60 años de historia como monarca. La otra consecuencia, son dos imágenes fabulosas de la reina, en las cuales la soberana expone todo su potencial icónico, su simbolismo, con la gran ironía de permanecer estática, los ojos cerrados a todo lo que la rodea.

La primera la foto es del proyecto “La ligereza del ser” de  Chris Levine, artista contemporáneo canadiense, quien se reconoce mas como un artista de la luz que como fotógrafo (y es que acaso la fotografía no es también creación de luz). La segunda imagen esta inspirada en la primera, y tan conmovedora como esta, y se trata de un grafiti realizado en Bristol por Bansky, en el cual la imagen etérea, inmortal (o de otro mundo) de Isabel de Levine, adquiere un aire de placidez y ligereza, también rejuvenecido y quizás mas activo, el de una reina que sonríe mientras sueña un mundo mejor (¿Como Dvid Bowie o Kate Moss?), en la portada de ID Magazine. Como dirían en Francés, una “Reina coquine” o una “Reina pícara”.

La praderia

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Una cuenta precisa de todos esos numeritos Prada que perdi durante los ultimos años, porque mi presupuesto no me da acceso.

Cada año, Miuccia trae en cada uno de sus desfiles, piezas iconicas por las cuales cualquier coleccionista de altura ha debido pagar en su momento, con la idea de lucir estas piezas intemporales, como joyas.

Ahora, cuando decidi revisitar sus grandes piezas desde el año 2000, me doy cuenta de que cualquiera de esas piezas que soñé seguiria teniendo un valor inestimable hoy dia, tanto en mi guardarropa como en el closet.

Todavia hoy, me lamento de no haber podido comprar los zapatos tejidos de la coleccion Otoño-Invierno 2011, un sueño. Aun asi, sé que la sola existencia de estos accesorios me deja maravillosas impresiones.