El pésimo lector

Hace tiempo que no paso por aquí. Comencé a trabajar hace unos meses, pero de ninguna manera es esta la razón de mi abandono. He estado en crisis de objetivos, mi rutina. Desde el 2004 he comenzado por lo menos 50 blogs con lo que en algún instante de excitación y sueño de confianza me parecían buenos conceptos, temas, en fin. Ninguno de esos blogs llego a algún lugar porque sin duda la mayoría no era muy interesante, pero sobre todo porque siempre me falto consistencia. La crisis, esa que me lleva a renunciar, tiene que ver con mis deseos de proteger ese lugar secreto que soy. Desde luego dudo del interés de otros por eso que me interesa, pero sobre todo freno todo cuanto puedo el intento porque la sola idea de desnudarme me paraliza. Un día me di cuenta de que además de mi necesidad de discreción, también parecía día tras día dejarme envolver por una extraña complacencia frente al espejo. Estoy tentada, como la mayoría, pero también me quiero controlar y no caer en el repertorio de notas en las cuales muestro y demuestro cuan especial soy. Supongo que tener la intensión de ser leídos ya nos hace trabajar en lo que nos hace especial, nuestra visión única y brillante del mundo. No meto las manos en el fuego con la promesa de no exagerar con mis bondades pero trataré de impersonalizarlo, lo cual desde ya suena como un ejercicio atractivo y desde luego poco lucrativo porque lo que vende es exponerse y complacer, y no soy tan simpática ¡Bah!

Ahora a justificar el titulo. Me encanta cuando leo mal, cuando veo mal, cuando escucho mal, porque es justamente en ese error donde radica mi única creatividad. De pronto recuerdo (con la distancia que ofrece mi memoria) que leyendo a Truffaut descubrí con ese placer que experimentamos cuando descubrimos que nuestro ídolo comparte el mismo día de nacimiento que tu (y de hecho Truffaut comparte el mío, pero eso es solo banal coincidencia), pues decía que descubrí que Truffaut declaraba entender muy poco las películas que veía, con lo cual siempre creaba una nueva pelicula a partir de los pocos elementos que percibía. Me siento igual. Hace unos días visitaba Habitually Chic (me gusta pasear por aquí de cuando en cuando porque es un blog de peluquería, en él puede uno ver todas las imágenes súper glossy que adornan las típicas revistas al lado del secador de pelo). La creadora del blog había publicado una entrada especial sobre Aerin Lauder, de pasarle por encima al sujeto extraje una hermosa blusa amarilla con doble peplum (uno saliendo de la línea de la cintura y otro de un poco mas arriba) que solo Roksanda Ilinsic (soy fan) podría haber concebido. Pasé tan rápido la foto que no puedo estar segura de que en efecto vi lo que quedo grabado en mi retina (la segunda, esa que produce y no reproduce) pero no tuve ganas de volver para comprobar si lo que creía era mi creación era mas bien el vestuario exacto de la heredera Lauder. Desde luego la pieza en cuestión me hace soñar, pero lejos de alimentar mi deseo de tenerla, solo me hace pensar en cuan erróneas son todas mis lecturas del mundo, y doy gracias al error.

La foto, no es de la luna. Es solo una bandera en un banco de arena que  cíclicamente se sumerge en el agua del mar.