Memoria y homenajes

Crecí viendo cine mexicano. Yo diría que mi amor por el cine comenzó allí, frente a la vieja tele con imágenes en blanco y negro, mera excusa para darle rienda suelta a la música. Siempre que leía esas biografías de grandes maestros del cine pensaba en cuan poco poética o romántica era la historia de mi relación con el cine, porque lejos de ir de la mano de un abuelo o padre cinéfilo a ver el Metropolis o Singin in the Rain, veía La Cucaracha, Camelia, Cantinflas y otros repertorios como el de Sara Montiel o el de Marisol.  Poco poética quizás, pero qué linda memoria la de esas historias.

En Caripito, pueblito en el cual crecí, solo había dos cines, y mi Abuela, mi ángel guardián, no veía con buenos ojos la sala oscura. Todavía recuerdo la única vez que visité (visitar es ciertamente el verbo justo) el cine de La Sabana, que hoy día es un restaurant de esos que llaman “Parrillera”. Tenia quizás 9 años, y caminábamos por la acera cuando la encargada del cine le dijo a mi abuela, “Zenobia, ven a ver esto”. Yo me quedé cerca de la taquilla con mi amiga Miriam. Admiramos la cortina pesada de azul, y luego de tanto escuchar los ruidos no pudimos resistir las ganas de ver lo que pasaba detrás. Las primeras e inolvidables imágenes de “El Ultimo Tango en Paris” que fueron también las ultimas en esa sala. Apenas abrimos los ojos a aquella gran pantalla con el gigante Marlon Brandon, alguien arrojo un montón de agua desde dentro de la sala en nuestros pies y un poco mas. Mi abuela salió inmediatamente para encontrarnos inexplicablemente emparamadas. Esta fue mi ultima experiencia en ese cine, pero ahora mientras relato, me doy cuenta de que fue quizás ese encuentro fortuito y prohibido lo me invito a descubrir el cine después.

De ese cine lleno de aventuras y canciones guardo el mejor recuerdo de mi infancia. Con Pedro Infante en el tope de la popularidad. Hace muy poco descubrí a Natalia Lafourcade, y cuando buscando un poco mas sobre ella encontré su versión de María Bonita, me encontré con mas que una canción con mi madeleine.

Siempre siento celos de otras culturas, especialmente de esas donde la tradición tiene ritmo. En México, esta tradición es tan fuerte y querida, que sigue actualizándose cada vez, generación tras generación. Y entre esto y los totopos con guacamole, de tanto en tanto, quiero ser mexicana.

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