Princesas de la calle

Esta chica es una “StreetStyle darling”. No sé quién es, pero siempre aparece aquí y allá en los blogs que llaman de StreetStyle (en esta foto de Tommy Ton). Lo que me gusta de ella es su talento para enaltecer piezas deportivas. Pero lo que mas me gusta es que siempre esté acompañada por ese chico ¿Su novio? El mejor accesorio, qué decir, esencial accesorio, especialmente porque mientras ella es fotografiada por su estilo impecable, él posee la elegancia de esos a quienes la moda parece no tocarles, y cuyo estilo es un boceto de la personalidad, un borrador perfecto.

Siempre puedo perder tiempo navegando en estos sites, blogs, sitios… Es cautivante ver una foto tras otra, y sobre todo, comenzar a reconocer (aun sin saber quienes son de nombre y apellido) a los asiduos. Me doy cuenta de que estos blogs con fotos de gente vienen a tomar el lugar de esos álbumes en las casas, esos que a veces ocupan un lugar en la biblioteca o en la mesa del salón. Esos álbumes siempre me encantaron, con el encantamiento del sortilegio, no con el de me gusta. Todavia me pasa que apenas llego a una casa donde tengo acceso a un álbum, y ya nadie puede sacarme de allí. Es lo mas parecido a ver una película, deleitarse en ese universo. Claro que a estos blogs con gente “a la moda” les falta un poco más que una buena combinación de piezas para crear una composición “interesante”, y eso que les falta es sin duda una historia, un contexto real, otro que el de las salidas de los desfiles o el la calle. Simplemente porque la historia detrás de un estilismo se gasta en esos contextos, especialmente todo cuando se conjugan demasiados artículos de diseñadores siguiendo las sagradas tendencias: prints, color clocks, neon, gorra de beisbol, etc. Me pasa que en la mayoria de los casos, la unica historia que puedo leer entre lineas es la de alguien “demasiado” pendiente de sus vestidos como para vivir de verdad. No deja de ser un poco dislocante, pero no por ello ininteresante, quiero decir eso de estar tan consciente (y en permanecia) de lo que llevas puesto. No olvido que los obsesivos son siempre “interesantes”.

Pero no quiero caer en el cliché de esos que pretenden ser los mas sensibles, como el hombre detrás de The Sartorialist, quien repite cada vez que puede (sobre todo por estos días cuando promueve su segundo libro) cuanto le molestan esas chicas que hacen lo posible por ser fotografiadas (con la misma vileza que antes critico a Tavi por ser demasiado joven para tener idea de la moda). Desde luego, también a mi me incomoda la extrema intensión y el calculo en las acciones, por eso quizás nunca disfruto demasiado a Ana dello Russo y a otras Divas del StreetStyle. Pero una parte de mi las mira (y las admira) con ternura, con la comprensión de esa acción infantil de vestirse para complacer la avidez de documentos para el recuerdo de un padre amoroso, en este caso el fotógrafo. Desde siempre, incluso antes de la invención de la cámara fotográfica, ser el tema de un retrato ha sido siempre un elogio. Ser retratado ha siempre significado Ser por encima de todos los demás, el elegido. Así me digo que esos fotógrafos del Street Style de alguna manera han permitido a estas chicas (y chicos) que siempre soñaron con ser modelos, la oportunidad de ser estandarte, musa, objeto, la inspiración, estrella, personalidad, porque ¿Quién no ha deseado alguna vez ser el motivo de un gran fotógrafo? Quizás algunos jamás pensaron en ello de esta manera, pero quizás desearon tener una foto del mejor ángulo, una foto en la cual somos tal como esperamos, perfectos.

En todo caso yo siempre admiré (e incluso envidié) esas fotos de mis amigos en las cuales alguien buscó inmortalizarlos en el momento, esas fotos que documentan una vida especial, que muestran el deseo de narrar la memoria. Hasta hoy, las mejores fotos siempre estuvieron relegadas a las revistas y campañas, y estaban regidas por el valor innato ligado a la belleza física, que desde luego nos ha hecho construir el maximo ideal, que no siempre es ser bellas como ellas, sino aparecer en una revista como ellas. Hoy gracias a la democratización de la publicación (y el redescubrimiento del autoretrato) estos valores han extendido su territorio hacia el vestido en sentido extenso, segunda piel, y segunda oportunidad de brillar con luz propia, o prestada por Miuccia, Consuelo, Raf, Zac, Stella y… Zara.

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