el talento y la técnica

Nunca he creído en la técnica. Suena estúpido pero es así, nunca he creído en la técnica. Sin ni siquiera saberlo conscientemente, siempre consideré que la técnica te empuja a la copia, al parecido, a un molde que no es uno, y sobre todo te hace perder una gran parte de la exploración, la creación de las maneras propias. Aunque parezca solo otra idea, esta conectada a la primera. Mi primera gran pasión fue el dibujo. Cuando todas las niñas deseaban Barbies (también yo las deseaba por osmosis) yo pasaba horas dibujando mis muñecas, si esas que se consumían el color carne. Pero lo mejor de todo no eran las muñecas, si no mas bien los vestidos. Cuando ni siquiera podía uno imaginar que algo como Sex And the City podría llegar a la televisión, ya yo definía los diversos matices y momentos dramáticos de mis historias basadas en la necesidad de usar un vestido, un color, una línea, una tendencia. Esto me hizo creer que quería ser diseñadora de modas. Entonces frágil e inestable pensé que no era una opción. Primero porque algunos miembros de mi familia me dejarían de respetar, y ya entonces era respetable. Y segundo porque no le veía ningún sentido a ser diseñadora sin ser famosa, y eso, en un país como Venezuela se me hacia cuesta arriba.

Decidí estudiar ingeniería, cuando menos esos miembros de mi familia que solo quieren a la gente inteligente no me excluirían. La otra cara de la moneda era que dibujar muñequitas era un juego, y necesitaba crecer. Mientras, seguía dibujando y escuchando la radio, en lugar de practicar todas esas derivadas e integrales. Con un portafolio y la osadía que regala la ignorancia me fui a ver a una famosa diseñadora venezolana, quien inmediatamente me contrató para que dibujara en su taller. Dibujaba intuitivamente, sin referencias, sin nada, solo imaginaba y trazaba. Este trabajo fue pasajero pues duro hasta que descubrí que los botones podían ser falsos, y que no necesariamente sirven para cerrar un vestido.

Abandoné el dibujo, y me concentré en otras historias ¿A donde voy con todo esto? Pues a que desde entonces siempre creí que mis dibujos no eran muy buenos, que les faltaba algo, seguramente personalidad, y claro el fulano talento. No fue hasta hace unos días cuando por casualidad caí en la pagina de una ilustradora de modas Paper Fashion, cuando descubrí (hay que ser bien ingenua para llegar hasta aquí creyendo que todas esas ilustraciones eran fruto de un conocimiento de cada movimiento y expresión del cuerpo) que las ilustraciones generalmente toman inspiración de fotos, de la realidad (claro que pocos lo dicen, la chica de Paper Fashion coloca un link para mostrar la foto de origen, tan decente). Siempre creí que todas esas ilustraciones maravillosas, todas, eran fruto de una excelente memoria, de una gran determinación y de mucho talento.

Con ganas de descubrir como se hace una ilustración usando una foto como referencia, estuve viendo una Jalouse (celosa, es el nombre de una revista de modas francesa) hasta que dí con una foto de Brigitte Bardot cuando era joven (y que hace promoción de su línea de ropas… y yo que creía que vivía en un zoológico). Nada fácil la tarea, sobre todo porque la referencia es demasiado icónica, pero aun así hice un esfuerzo de dibujarla. No se parece a Brigitte (creo que dejé colar mi percepcion de ella hoy, tan brava) pero me gusta como el dibujo me mira, y eso es todo para mi.

Definitivamente, tener una referencia ayuda. Pero no es todo. Mientras hacia el dibujo (no llamemos a esto ilustración) me dí cuenta de que con solo unos trazos podía haber llegado a lo que hice garabateando tanto. La respuesta a esto es la técnica. Si hubiese sido menos terca, hubiese tenido más foco, habría probablemente ido a una escuela de diseño donde habría aprendido a hacer el catalogo de ojos, el catalogo de labios, el catalogo de manos (qué difícil), pero no… Tenía que esperar hasta ahora para descubrir que con la técnica el talento puede dedicarse a ser más directo, mas eficaz, e incluso construirse desde cero.

No deja uno de aprender. Lo mejor de esta experiencia es simplemente hacer un paréntesis en mi cotidianidad para lanzar unas líneas aquí y allá… Y bueno, si, la técnica sirve para saber como hacer. Pero qué le hacemos a este síndrome de inventar la rueda y el agua tibia.

La paciencia sigue su gran revolución… Ahora hasta disfruto de hacer.

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