la nariz

… O mas bien mi percepción de mi nariz. Siempre recuerdo cuando durante aquellos días del liceo, con un grupo de amigas evaluábamos las razones por las cuales una chica en nuestra clase era tan fea. Era una conversación particular, porque creo que uno habla mucho mas de esas bellezas que destacan que de las fealdades que muerden. Entonces, yo, obsesionada por la nariz Charlotte Rampling de mi abuela apunte: “Su nariz es muy fea, eso creo”. Otra amiga, mucho mas segura que yo, respondió: “La nariz, no creo, una nariz fea no afecta tanto el rostro como una boca fea”. La palabras parecen simples y sin ritmo, pero algo de importante había en aquella investigación. La consecuencia ha sido que eso de que la nariz debe hacer un mayor esfuerzo para que seamos feos, me hizo desplazar mi obsesión a mi boca y a otros elementos de mi imagen.

No fue sino hasta hace unos años cuando nuevamente mi nariz volvió a protagonizar ese teatro macabro que es el mirarme en el espejo. Y me miro constantemente, hasta tengo una amiga que dice que soy narcisista, pero creo que mas bien me miro como quien quiere descubrir que lo que ha visto antes no es verdad. Y vuelvo a mi vida sometida al poder de mi nariz. Esta vez, la razón era la necesidad de usar lentes. Lo que descubrí entonces es que la composición que hacen de mi nariz, mis ojos y mis pómulos hace casi imposible encontrar lentes pertinentes. Desde luego es un problema, pero puedo vivir con él sin mayor drama.

Luego llego L (ahora 5 años, ya lo dije, pero es que creo que ese desconocido es siempre nuevo) quien con apenas 2 añitos comenzó a interesarse en su nariz, o mas bien en su nariz en relación con las tantas narices que la rodean. Su pregunta, estupenda pregunta fue: “Mama, porque Tata tiene la nariz así (poniendo su dedo índice verticalmente en el medio de la cara) y la de nosotras es así (colocando el dedo horizontal en medio del rostro)”. Me costó responder inmediatamente, no porque tenia decir alguna de esas historias esotéricas que suelo contarle, sino porque ella tan pequeñita había con su pregunta dado respuesta a esas tantas preguntas que nunca supe formular sobre mi nariz, mi existencia y los otros.

Tengo la nariz horizontal, y aunque claro podría recurrir al cirujano estético para rotarla hasta la verticalidad mas puntiaguda, prefiero disfrutar de los obstáculos que esta geometría particular me ofrece.  Y el principal obstáculo son los lentes, objetos cuya invención y preservación parece estar monopolizado por gente de nariz vertical.

Esa soy yo, una nariz horizontal…

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