Paciencia

Una de las primeras incursiones artisticas en mi vida fue la pintura. Esto porque cualquier niño dispuesto de creyones y papel tiene todo el talento artistico necesario. Pasados los 8 años, mi madre tuvo la idea de inscribirme en un curso de pintura con una de las monjas de la parroquia donde vivia con mi abuela, en Caripito. La monja era fantastica, con su vestido blanco apenas definido por algunos contornos azules, un poco como la Madre Teresa de Calcuta, pero Made in Italy.

Con ella aprendi a dibujar con carbones y pasteles (extraño aprender esto, en realidad pude descubrir como otros lo usan) no mas. Entonces ya sabia como encontrar excusas para abandonar, la del momento en el contexto eran mis manos sudorosas. Segui pintando, aunque debo confesar que ningun proyecto podia durar mas de una pocas horas, siempre me aburria, pasaba a otro proyecto, lo cual me creo la fama de no terminar nada. Saltando de un proyecto a otro, de una técnica a la otra, y muchas veces incapaz de aprender realmente, escuchaba a mi madre admirar unos cuadritos que habia comprado a un joven pintor. Se trataba de las fulanas acuarelas, y con el orgullo de poseerlos siempre agregaba: “la acuerela es la mas dificil de las técnicas, porque no se puede corregir“. Asi creci, creyendo que la acuarela es definitiva, y que mi incapacidad de terminar un proyecto también lo es, es decir definitivo. Uno suele aceptar esas definiciones que otros nos imponen, sin discutirlas, y muchas veces sin osar cambiarlas.

Me gustan las flores. Desde la escuela siempre quise ser biologo para pintar plantas y flores, un poco como Humboldt. Creci y dejé de pintar, una pena. Con el anuncio de las vacaciones de verano, pasé por la tienda para atistas cerca de casa, mientras completaba el saco de herramientas vi esas lindas pastillitas, como unos cubitos de colores. No me pude contener, los agregue a mi cesta a pesar de que se trataba de acuarelas.

No las usamos hasta hace muy poco. La imagen que acompaña este texto es la tercera acuarela que hago. La referencia es una foto de la flor Impatiencia, la variedad utilizada por el Dr Edward Bach en su sistema floral. Aunque un poco laberintico mi discurso, todo se conecta. Descubri hace poco que la flor que siempre he necesitado es Impatiens. Nunca antes la tomé, quizas porque siempre he tratado con desdés a todas las flores presente en la formula Rescue Remedy, como si no fuesen también flores individuales  ¿Como llegué a esté diagnostico?  Pues desde hace un tiempo (desde que empecé a trabajar) me salen el fulano comedon, siempre en el mismo lugar. Mihai me sugirio que busque en mi libro de flores de Bach segun la zona del cuerpo y la sorpresa fue encontrar que esa zona es la de Oak, flor de aquellos que tienen un gran sentido de la responsabilidad. Revisando otro libro llegué a que la flor de la compensacion de Oak es Olive, que es la flor del cansancio, y sin duda estoy exhausta, pero lo mas interesante fue encontrar que la flor del problema era Impatiens, y que las otras no hacian sino compensarla.

Finalmente comencé a leer un poco mas sobre esta flor, y en efecto todas las descripciones coinciden conmigo. La principal esa aceleracion que trata de compensar un vacio extremo, y con ello el miedo a no poder realizar neustro destino sin antes existir. Ahora estoy tomando la flor, y los cambios se sienten a cada instante, me doy cuenta de que siempre he ido muy rapido, lo cual me ha hecho muchas veces ser superficial, poco educada, poco considerada con quienes considero no van a mi ritmo. Lo que mas me inspira de esta nueva face de consciencia es poder quizas terminar algo, dejarme atrapar por las maravillas del proceso, disfrutar el camino en lugar de buscar ansiosamente un destino.

… De pronto hasta ganas de releer el texto tengo. Impatiens esta funcionando. También buscaré un curso de acuarela para probar cuan lista estoy para aprender ahora.

Tributo a Alexander McQueen

Me cuesta escribir por estos días. En realidad no me cuesta escribir, pero se me hace cuesta arriba escribir algo coherente. Me apetece escribir sobre las flores de Bach y como después de 6 meses sufriendo de un acné localizado en el pómulo izquierdo (permanentemente). Solo ahora pude erradicarlo aplicando localmente y tomando oralmente las flores de Bach que corresponden a esa zona del cuerpo. Lo sé, poco interesante, pero es impresionante. El comedón se fue en dos días después de la aplicación de las flores Oak (roble) y Pine (pino). Lo mas interesante es la explicación. Empecé a trabajar hace seis meses, y con ello se exacerbaron el excesivo sentido de la responsabilidad, Oak, y la culpa, Pine. Las flores de Bach son la medicina del futuro.

¿Por qué no escribir sobre esto sin tantas excusas? Pues porque donde vivo, cuna del Dr Edward Bach, no le dan mucho crédito a las flores. Me cansé de recomendarlas, de ver el rostro de incredulidad y hartazgo de la gente (esto es mi condicion Vervena, otra flor, siempre excesivamente entusiasta con lo que descubro). Y como yo soy excesiva, pues me ha dado por no hablar, no escribir, no comunicar nada sobre las flores. Me falta tenacidad, lo sé, siempre ha sido mi problema.

Ahora bien, qué tiene que ver el comedón Oak/Pine con Alexander McQueen. Todo y nada, básicamente yo misma, que soy tanto una cosa como la otra, no McQueen desde luego, si no mi admiracion por él. Como en esa película de Julio Medem, Tierra, somos tantas cosas al mismo tiempo, lo que vivimos, lo que pensamos, lo que experimentamos, la manera en que nos ven, en fin, en un segundo podemos ser memoria, fantasia, percepcion y mil cosas mas. Las flores son en general el mejor sujeto de representación para mi, y Nick Knight ha realizado una serie de fotografías de flores maravillosas. Esto me llevo a ShowStudio, site que no visitaba desde hace mucho tiempo, y alli buscando sin destino me topé con este tributo a Alexander McQueen que no había visto

¡Poético!

Flores sobre mesa blanca oxidada

Millones de ideas pululan mi mente, ideas con muchos objetivos, entre otros el de volver a Voza. El tiempo es justísimo por estos días entre mis obligaciones maternales, un nuevo trabajo, mi colaboración con Art For Youth, los toques finales de nuestro apartamento en Paris, y mis sueños.

Pensaba escribir sobre las alergias de verano, las ofertas de final de temporada, sobre la dificultad de remodelar viviendo lejos, sobre el sistema educativo inglés, sobre Tommy Tom. Nada demasiado importante sin duda, si no, habría encontrado un momento. Mientras termino de rendir un video para Art For Youth, y hago llamados para hacer entregar las camas en Paris, decido que vale la pena cuando menos compartir una imagen que me inspira.

En la foto, esas flores esperando ser erigidas estandartes de belleza y frescura, y que han encuentrado el mejor de los contextos durante una transicion (que yo estableceria eterna) sobre los colores de esa mesa, pura y oxidada a la vez. Estos momentos o mas bien estas historias se recrean en millones en el mercado de los corotos, y especialmente en el Marché Paul Bert de Clignancourt. Esta imagen refleja los colores del lugar donde quisiera soñar durante este verano, y pensandolo bien durante toda una vida.

Las flores son siempre esa puerta gracias a la cual puedo acceder a mi propio pais de las maravillas.

No tardo…

Constelacion de angeles azules

Siempre que camino por la ciudad me sorprendo al ver como algunas plantas salvajes encuentran su habita en lugares inesperados, en la resquebrajadura del concreto, en la union entre un muro y la acera, en las grietas del asfalto y en otras heridas de la covertura que le hemos puesto a nuestra tierra.

Desde luego las flores multipetalas, esas imponentes, de largos tallos y brillantes colores me seducen. Sin embargo, esas menudas con espiritu colectivo y sin aparente rasgo individual me desarman. Y es que no puedo dejar de conmoverme cuando las pequeñas flores, esas que nadie cultiva por insurrectas, esas que algunos llaman mala yerba, me cierran el paso. Ellas son la vida que quizás busco dejándome mecer por el tiempo en lugar de autorregularme según su medida.

Por estos días, las flores purpura, violeta y azules se lucen acaparando mi atención. Mis favoritas, las Verónicas de agua, porque además de encontrar lugar, logran imponerse en cualquier jardín abandonado por la pereza del propietario. Mientras, yo no hago mas que felicitar a la decidía, iniciativa creadora en estado pasivo, pero no siempre indiferente. Siempre me gusta observar el rumbo de las acciones sin aparente objeto, porque amo la fuerza de la naturaleza, siempre altanera y programada solo para ser.

Quizás lo que mas me gusta de fotografiar las “Violetas de agua” es que no tengo la obligación de reconocer un centro o de componer, tampoco debo decidir la flor mas hermosa, ellas todas juntas sin celos ni arrebatos forman parte de una constelación de ángeles. Me hacen soñar con lentejuelas en el bosque, con luciérnagas en el día, con coronas de flores sobre el pelo verde, con mariposas infinitas.

Cosas que aprendo, aqui y alla

A veces me encuentro, especialmente cuando camino sola, pensando en todas esas cosas que he aprendido espontáneamente aquí y allá durante los últimos días. Siempre es mucho, y no deja de sorprenderme cuanto podemos aprender a cada instante.

1- La temporada de Elderflowers comenzo (traté de encontrar el nombre en español, y solo encontré Sauca, que no dice tanto para mi como Elderflower, que de todas maneras no dice nada, pero por lo menos suena) –  Me lo ha hecho notar en la calle Mónica, de origen Hungaro, profesora de Yoga y nutricionista ayurvedica, y quién ademas sugiere hacer un cordial (un sirop de Elderflowers muy famoso aqui en Inglaterra)

2- Las bodas son siempre en Verano – Lila, 5 años, su cerebro se lo dijo, y ella me lo dijo a mi

3- Recuerdo aquellos días durante los cuales los niños no usaban casco para andar en sus bicicletas (Descubro mientras lo leo que también tengo nostalgia de días mas espontáneos, sin tanta previsión y proteccion) – Wes Anderson, director de Moonrise Kingdom citacion en un articulo de Liberation, el periodico francés

4- Muchas veces lo que creo que esta fuera de foco en una foto, no es otra cosa que el impacto de mi respiración, o lo que llaman por aquí “camara shake” – Gracias Conrad Blakemore, Fotografo

5- Yodélice, no es una isla en el Caribe, es un cantante Francés (aunque suene a postre) que suele cantar en Inglés, y cuyo tema “Talk to me” me encanta – Les petits Mouchoirs (Mentiras Blancas) película de Guillaume Canet

Ahora que veo esto escrito, me doy cuenta de cuan ligero es todo lo que aprendo, de hecho.

Actualizo: Comer frutas me da hambre – Mi cerebro me lo dijo, finalmente

Obsesión: Bluebells

Tenia ganas de hablar de bluebells, de la obsesión inglesa por las flores en general (la Royal Horticultural Society y otros detalles) y de la realización última que ha sido visitar High Beeches, para ver mis primeros Bluebells en un bosque encantado. Y ya no tengo tantas ganas. Después de escribir y borrar sin reposo, intento cuando menos contar cómo llegué a construir la obsesión.

Me encantan los jacintos, y aquí en Londres, es más bien fácil conseguirlos, entre la pasta fresca y las comidas de 500 calorías, en cualquier Waitrose, pero no sólo. Me gusta el aroma, me gustan sus colores, y hasta me gustan sus tallos sumergidos en el agua. En algún momento del año los jacintos desaparecen, por eso del ritmo de las estaciones que nosotros los seres tropicales apenas podemos entender. Bien, para perpetuar la presencia de los jacintos en mi vida y en mis aposentos, se me ocurrió buscar un perfume de jacintos puros. Tarea innoble esta, pues después de buscar insaciablemente, renuncié a este perfume. No fue hasta que un dia cuando osé entrar a Penhaligon’s, el mítico perfumista inglés, por pura curiosidad y sin destino particular, cuando para darle orientación a mi osadía, tuve que decirle a la vendedora que buscaba un perfume de jacintos. A lo cual ella respondió con una mueca, entre lástima y desprecio, y luego después de un largo suspiro:

“Bluebells. Los jacintos son utilizados entre muchos otros ingredientes para reconstruir el perfume de los bosques de Bluebells, porque desde que estas flores son patrimonio nacional, no se pueden utilizar y es muy dificil cultivarlas porque justamente crecen en los bosques. Asi que los jacintos, más fáciles y ordinarios, con su aroma dulce y pegajoso sirven de base para la recreacion del delicado pefume de bluebells – Me extendió la botellita, y agregó -, También era el perfume favorito de Lady Diana”.

Solo yo sé cuán poco me interesa Lady Di, aunque desde luego no menos que Kate Middleton. Pero la historia sobre mis jacintos ordinarios, al servicio del reputadísimo aroma de Bluebells (es preciso decir que para los ingleses puristas, los jacintos son los enemigos españoles de las Bluebells) dejó una marca instantánea en mis deseos, esos deseos de saber de qué hablaba esta mujer altiva, portavoz de Penhaligon’s. Desde entonces, acumulo información sobre la florecilla mágica cuyos prados decoran el universo de hadas y otras creaturas celestes de esta región.

Siempre creí que debía andar mucho para ver el espectáculo de las Bluebells flamantes, a partir de Marzo. La gran sorpresa ha sido encontrarlas fortuitamente, mientras atravesaba en cementerio Brompton, donde desde luego las Bluebells crecen en apenas los espacios que dejan las tumbas, sin llegar a alfombrar la sombra de arboles suntuosos que he visto en tantas fotos maravillosas. Pero este encuentro inesperado me regaló la motivación para descubrirlas en su contexto natural, los bosques antiguos de Inglaterra.

La idea me dejaba siempre en estado de angustia. Tanto se dice de Bluebells que sin saberlo llega uno a creer que sólo los elegidos pueden verlas. Esta agonía no hace sino aumentar cuando va uno al sitio del National Trust y descubre que hasta existe un mapa interactivo de dónde ver Bluebells, que está alimentado por gente que les ha visto recientemente. Este año, debido a las fuertes lluvias y las persistentes temperaturas invernales, reportan que la temporada de Bluebells llega a su fin y que por el exceso de agua estas son excepcionalmente frágiles y de pequeña talla, aunque de aroma mucho más intenso. Conmovedor.

La tensión no hacía más que aumentar cuando leía sobre el tema. El sol durante el fin de semana pasado fue la mejor excusa para buscar y quizás tener el privilegio de ver bluebells. Siguiendo mi intuición, y considerando que sólo teníamos la tarde para la exploración, decidí que iríamos a High Beeches, en Surrey. Me dije que cuando menos este jardín ofrece también azaleas, magnolias, violas, y otras tantas flores, si no estaba en nuestro destino ver Bluebells.

Toda la magia que tanto esperaba estaba allí (¿O la habia yo llevado conmigo?). Los Bluebells de High Beeches eran pequeños, discretos, entre un azul cobalto intenso a veces y purpura otras, frágiles, de largos tallos y casi agonizantes. Todavía hoy, después de una semana, sigo embriagada por la experiencia, y con ganas de respirar su encanto una y otra vez más.

Finalmente como que si tenía ganas de escribir, o quizás estas, las ganas, se fueron haciendo a medida que ordenaba la obsesión. No tengo muchas ganas de escribir por estos días, situación persistente en mi bioritmo, esta vez porque me ha dado por pensar que no es divertido lo que escribo, y que claro, si no es divertido, tampoco tiene mucho que decir.

Obsesión: Wagashi

Ya lo he dicho, me repito, pero es cierto, no son muchas las cosas que extraño de mi vida en Paris. Mi nostalgia se construye sobre todo cada sábado cuando recuerdo mis paseos con Mihai, y luego con Lila, en los mercados orgánicos de Paris, especialmente Batignolles, cerca de donde viciamos en el IX. En Londres, los Farmer’s Markets no son ni la sombra pálida de los juegos de colores, sabores y pasiones de un mercado de calle Francés. De lo demás, incluso de la cocina, la elegancia y el savoir-vivre Francés, puedo prescindir. Sin embargo, cada vez que regreso a Paris, algunas obsesiones organizan mis recorridos de la ciudad. La mayoría de esas obsesiones son gustativas, y curiosamente ofrecen un otro perfil de Paris, ese que la hace una ciudad del mundo, no solo la capital francesa.

Una de esas obsesiones es la comida japonesa en la rue Sainte Anne, especialmente una bodega/traiteur tradicional Juji-Ya (46 Rue Sainte-Anne, 75002 PARIS 02, France)  en el cual come uno comida japonesa fresca y simple, especialmente bentos, que puede uno bien imaginar adornan las mesas de las familias japonesas cada día. Aunque este es un punto de pasaje obligatorio, el mejor motivo para ir a Paris son los Wagashi, o la pastelería tradicional japonesa, cuyo único proveedor en Paris es el apacible y sensible salón de té Toraya (10, Rue St-Florentin, 75001 Paris).

La casa Toraya tiene mas de seis siglos de historia en Japón y ha sido la pastelería imperial japonesa desde sus inicios. Instalados primero en Kyoto y luego siguiendo al emperador a Tokyo, Toraya posee hoy 70 tiendas en Japón, y algunas en el mundo, incluyendo la de Paris, creada en 1980. Podría traducir y amalgamar informaciones encontradas aquí y allá, pero prefiero tratar de organizar la obsesión.

Descubrí Toraya hace algunos años de la mano de Claire Bardaine, una amiga, diseñador grafico y alma extremadamente sensible, de dulce hablar. Sus gestos lentos, parsimoniosos y precisos son parte de Toraya para mí. El salón de te es riguroso, y guarda todas señas de la época en la cual fue concebido, los 80, pero siempre muy japonés, discreto, austero y confortable.

Los ingredientes básicos de esta pastelería son el adzuki bean, un frijolito rojo pequeñito, el agar-agar que es una gelatina de origen marino, y la harina de arroz. Sin embargo, la experiencia de estos mismos ingredientes evoluciona atravesando el tiempo, gracias a la particular combinación de los mismos para celebrar el paso de las estaciones, a través de los Namagashi, pastelerías de estación, estos realizados siempre artesanalmente por maestros pasteleros expertos.

Los pasteles Namagashi siguen las curvas de cada momento, representando los elementos de cada estación. Lo más extraordinario es el placer que proveen a todos los sentidos, el sabor delicado de los ingredientes, dulces al paladar; el aroma cuando los recibimos, cuando los cortamos y cuando los acercamos a la boca; la textura en las manos siempre blanda y resistente a la vez; para luego llenar todos los rincones de la boca; todo esto conjugados con la visión de bosques y jardines exuberantes, y sus ruidos imaginarios.

La experiencia de estos pasteles continua siendo estación tras otra, única e irrepetible. Durante mi última visita al Toraya, durante el mes de Marzo, probé una pastelería de primavera, el  Arashiyama o Mt Arashi, llamado así como referencia al área cerca de Kyoto celebrada siempre por sus flores de cerezo. Para mí, el acompañamiento perfecto es el té de arroz grillado. Y claro la tetera, es demasiado irresistible.

Los wagashi me inspiran por su delicadeza. Me conmueve su síntesis de la naturaleza y la celebración de las estaciones hecha ceremonia.

Ojo fotografico

Siempre rememoro cuando viendo Lost in Translation, Charlotte le dice a Bob: Intenté tomar fotos, pero eran tan mediocres. Supongo que cada chica pasa por la fase fotográfica. Ya sabes, caballos… Tomar fotos de sus propios pies.

Lo que ella dice me hizo pensar mucho entonces, y aun hoy. Nunca pasé por esa fase fotográfica quizás porque nunca vi mucha gente a mi alrededor usando una cámara. En mi entorno familiar pocas personas podían darse el lujo de distraerse de las tareas cotidianas, y tomar fotografías seguro les parecía un juego, pues para ellos sin duda la cámara era un juguete. Desde luego no solo el tiempo faltaba, también el instrumento y sin duda el sentido. Me pregunto si alguno de ellos tenía alguna idea de lo que atrapar un momento de sus vidas, de sus historias, podía significar en el futuro. Sin embargo, pasé por la fase de dibujar mis propios pies, el equivalente pre-escolar de la fase adolescente de la cual habla Charlotte.

Mientras preparo las notas para Voza me doy cuenta de que quizás solo ahora llego a esta fase de interés fotográfico. Claro que a estas alturas esta afición poco se corresponde con la búsqueda de identidad come la joven protagonista en la película de Coppola. Acepto una vez mas y como de costumbre que llego tarde a las tendencias. La precocidad nunca se ha contado entre mis virtudes.

Siempre me interesó la magia de la fotografía, especialmente el revelado, pero también siempre me falto paciencia. Durante un curso de fotografía en Blanco y Negro cuando empezaba la universidad, abandoné apenas viví la frustración de no poder ver a través de la lupa si la foto en el negativo estaba fuera de foco. Claro que jamás he podido ver a Marilyn Monroe componerse a partir del montón de puntitos. Quizás me falte también la imaginación.

Cuando nació Lila hace 5 años, la fotografía tomó otro sentido para mi. Me debato sin embargo entre vivir y disfrutar todos los momentos cerca de ella, o inmortalizar las imágenes que compongo mientras la sigo. Estar con ella me invita a anticipar esos momentos en los cuales todos los elementos se conjugan para crear un universo único, con sus propias reglas, invitándonos a componer una historia también única, que en la mayoría de los casos tiene mas que ver con lo que no se ve, pasado y futuro o fuera del cuadro, que con lo que atrapamos con las fronteras de nuestra mirada o de nuestro interés, aunque a veces también los limites de nuestra intensión.

También me doy cuenta de que solo las fotos que tomo de Lila poseen algún valor, no solo afectivo sino un cierto valor objetivo. Siempre he creído que esta gloria no me era exclusiva y que todas las fotos de los niños, tomadas por sus padres suelen ser buenas o cuando menos aceptables. Supongo que el afecto hacia el objeto que fotografiamos impregna la foto, con lo cual la foto es buena no porque es técnicamente correcta o porque el momento es único.

La verdad es que no sé si tengo algún talento con el objetivo, pero bien valdría la pena intentar descubrirlo. No fue hasta que un día observando el trabajo de los Street Style bloggers como Garance DoréScott SchumanHanneliTamuTommy Tom y tantos otros, que me di cuenta de que existe otro factor, y este es mi timidez, o como dice la canción de Carla Bruni, mi temor de molestar a las piedras ¿Me pregunto cómo ellos pueden acercarse a tanta gente y pedirles que ofrezcan su tiempo y su imagen para nutrir sus blogs? ¿Cómo pueden simplemente tomar fotos de personas que no saben que sus imágenes serán vistas por miles de internautas? Desde luego, con estas preguntas paso a otras sobre la ética, y sobre como estos bloggers hacen dinero usando las imágenes de otras personas. Pensé en usar una foto de Lila con una amiguita, pero inmediatamente pensé en que para hacerlo debía pedir a los padres de la niña la autorización para exponerla en mi blog, pero las cuestiones éticas son otra historia. Apuntar con la cámara fotográfica a alguien o a algo me es casi imposible, porque temo molestar, ser indiscreta, perturbar la paz del objeto fotografiado. La cámara es indiscreta, y siempre le roba al objeto algo que incluso él mismo desconoce de sí mismo.

Es mas fácil para mí tomar fotos de objetos muy cercanos, o abandonados, y aun así, un cierto estado de ansiedad se hace lugar dentro de mi imponiéndome la fuga, y la culpa, como si de alguna manera estuviese robándole la imagen.

Desde luego, mi relación con la fotografía no es sino un ángulo más de mi relación con el mundo. Nunca toco la puerta cuando esta cerrada. Quizás Voza es el comienzo de una historia para mí, en la cual existo y me doy el permiso de tomar el lugar que deseo.

Por ahora, las flores me interesan. Exploro y descubro desde donde expresar mi emoción de observarlas, de apropiarme de su sutileza. Nada original, son solo flores, siempre bellas y generosas frente a la cámara.