las rebajas y mis problemas

Quizás existían en Venezuela, pero la verdad es que yo solo descubrí las rebajas cuando me mudé a Francia. El tema de las temporadas, las viejas y las nuevas, fue entonces una revolución para mi, no sin dolores de cabeza. En agosto, los trajes de baño y las sandalias son substituidas por abrigos y botas, tanto como en enero, cuando el frio hace un pico, las ropas calientes ceden lugar a los sueños de climas exóticos.

Pero el gran tema son las rebajas. Tanto como me cuesta traducir la temperatura en calidad térmica de mis vestimentas, se me hacen cuesta arriba las estrategias para aprovechar al máximo las rebajas. No tengo idea, experiencia o talento para ello. Durante 10 años solo he podido adquirir objetos inutiles, zapatos muy pequeños, abrigos muy grandes, faldas muy cortas, pantalones muy largos, colores que nadie quiso o elementos de guardarropa que nunca utilizaré, en general piezas que me gustan, pero que poco tienen eco en eso que hoy parece constituir mi estilo, una especie de negación al estilo (Estilo, un tema sobre el cual volveré).  Quizás el mayor trauma es confrontar una y otra vez la triste realidad de mi gusto. Siempre me digo, quizás encontraré alguna pieza fabulosa, de esas que se supone me harán única porque no quiero lo que los demás, pero cada vez que tengo que enfrentar la oportunidad de hacerme de alguna renovación vestimentaria durante la temporada de rebajas me doy cuenta de que soy como todo el mundo, eso que quiero ya lo compraron los demás, y lo que queda pues es eso que nadie quiere.

Las rebajas son para mujeres (y hombres) con estrategia, y en ese rubro no entro yo.

Nuevo

Sigo descubriendo como utilizar el Ipad, o mas bien los software para dibujar. Esto es quizas lo mejor que me ha pasado en este año. Dibujar es terapeutico, me relaja tanto como meditar. Supongo que esto es mejor que hacerlo bien. Este dibujo lo he hecho luego de ver unos muy buenos tutoriales en Youtuve, y estan inspirados por una foto de Vanessa Jackman. La maravilla de Photoshop, poder utilizar las fotos como referencia directa, esto es calcarlas. Parece penoso, pero de hecho también exige mucho trabajo. Lo mejor es que me ayuda con las proporciones.

Esos son mis nuevos anteojos. Estoy demasiado feliz de poseerlos. Después de años buscando un par que se sostenga en mi nariz horizontal, he encontrado estos de Cutler and Gross que no solo se sostienen, sino que ademas me dan suficiente espacio para los ojos, y no caen en mis pomulos. Son perfectos.

 

Poco que ver con Prada

Ayer decidí casi impulsivamente comprar mi primer iPad. En casa hemos usado el codiciado objeto desde que salió por primera vez, pero nunca lo sentí mío, nunca lo necesité. La razón para necesitar uno que lleve mi nombre es que he descubierto muchas aplicaciones para pintar, diseñar, animar, etc.

Esta es el primer dibujo que hago en mi tableta blanquísima. Me relaja dibujar. Desde luego no hay nada original en este dibujo (quizás los números que aparecen abajo y que no tengo ni idea de por qué están allí). Me encantan las ilustraciones de Garance Doré, cada vez que las veo me doy cuenta de que siempre he estado muy confundida en la vida, no quería ser diseñadora de modas, sino ilustradora, pero en el pueblito de donde vengo, y en el país de donde soy eso de ilustrar parecía no tener mucho valor. Desde luego sus trabajos son solo una referencia, dificil de igualar. También me gustan las fotos de Jak & Jill, y es que el autor Tommy Tom es quizás el mejor fotógrafo Street Style, y lo digo porque es quizás el único que poco necesita explicar lo que ve. El dibujo esta inspirado en una foto suya. Cuando era niña siempre pasé mi tiempo a dibujar muñequitas bien vestidas y a contar historias, desde luego en aquel entonces no imaginaba que la formula se haría realidad y con qué éxito gracias a “Sex on The City”.

Lo mejor del ejercicio es que ha sido terapéutico, tan positivamente terapéutico que ni siquiera me siento culpable por no haber visto mi email durante media hora.

La belle vie !

PS La chaqueta es Prada Spring/Summer 2012

Margiela

Cuando apenas empezaba mi recorrido moda en los 90 y con la fuerza incontenible de Zara, percibía como los grandes diseñadores podían servirse de la producción y distribución masivas de este tipo de tiendas. Pero sobre todo estas colaboraciones, pensaba yo, acabarían con el plagio a las creaciones originales, gran utopía. No fue sino cuando llegué a Europa en el 2001 que descubrí H&M. Era un lugar perfecto para encontrar ropa infantil, accesorios y algunos T-Shirts, porque nunca la calidad ha sido demasiado buena. Aun así de cuando en cuando encontraba alguna pieza que podría tener destino, aunque honestamente no recuerdo alguna en particular. Es el mundo H&M, sin rastros.

Luego empezaron las colaboraciones con diseñadores. No tengo memoria de cuando empezó esta era, pero recuerdo que muchas de ellas fueron ignoradas por mi como la de Karl Lagerfeld (nunca entiendo lo que él hace con su propia linea) o la de Stella Mc Cartney. Pero un día llego el gran anuncio de una colaboración insólita (insólito en el sentido de único e improbable) con Comme des Garçons. El día de ese estreno estaba en Londres, y cuando pasábamos delante de las infinitas colas  frente a H&M de gente esperando para hacerse de alguna  pieza, sentía vergüenza de confesar cuanto deseaba estar allí bajo la lluvia para hacerme de ese abrigo de inspiración victoriana  negro con faralaos. Nunca lo tuve.

Luego pasaron quizás otros que no recuerdo y Sonia Rykiel. Entonces estaba en Barcelona, y tampoco podía interrumpir un paseo solo para desatar mi pobre voluntad y sobre todo mi dependencia o adiccion, a la moda. No es que quiera demasiado poseer esas ropas, tenerlas representa casi como un acto de fanatismo. Soy como un un “groupie” que colecciona discos y memorabilia de sus músicos favoritos. Algunas de estas colaboraciones son para mi la oportunidad de rendir homenaje a diseñadores que admiro, pero que bajo ninguna circunstancia podría adquirir de otra manera, quizas ni siquiera teniendo el dinero que no tengo hoy, porque los precios son simplemente fuera de razon. Esas piezas  H&M son un poco como un autógrafo.

La primera vez que me aventuré a hacer todo como los verdaderos fanáticos fue con Marni, no sin cierto recelo, y culpabilidad. Siempre me ha gustado lo que concibe Consuelo Castiglioni, y Marni es de hecho la única marca con la cual creo que me vestiría de pies a cabeza sin sentir que me pierdo detrás de las ropas. Sus zapatos, retando las convenciones de lo sexy y lo bonito, me seducen siempre, creo que porque me atraen siempre los zapatos que cuestionan el orden, que requieren apreciaciones especiales (de esto tengo tanto que decir). Allí estuve a las 9 am, la cola no era tan larga (desde luego no se trataba de Versace, en realidad  este ultimo mucho mas cercano a la clienta H&M que Marni). Perdí la razón, compré muchas cosas que luego carecían de sentido, no solo porque no tenían nada que ver conmigo sino porque además no tallaban bien sobre mi cuerpo de piernas cortas y excesivo asentadero, una silueta muy latina la mia. La solución fue devolver tanta compra inconsciente guardando solo algunas piezas que de todas maneras no he usado hasta ahora. Siempre me digo que no necesito usarlas, solo preservarlas.

El próximo jueves llega Martin Margiela a H&M y por suerte estaré lejos. Sin embargo reconozco que una parte de mi, elabora y revisa mentalmente la lista de piezas icónicas que se agregarían a mi colección de pequeños guiños a diseñadores y casas que admiro. Si pudiese unirme al rebaño, creo que iria a por las piezas masculinas, todas maravillosas.

el talento y la técnica

Nunca he creído en la técnica. Suena estúpido pero es así, nunca he creído en la técnica. Sin ni siquiera saberlo conscientemente, siempre consideré que la técnica te empuja a la copia, al parecido, a un molde que no es uno, y sobre todo te hace perder una gran parte de la exploración, la creación de las maneras propias. Aunque parezca solo otra idea, esta conectada a la primera. Mi primera gran pasión fue el dibujo. Cuando todas las niñas deseaban Barbies (también yo las deseaba por osmosis) yo pasaba horas dibujando mis muñecas, si esas que se consumían el color carne. Pero lo mejor de todo no eran las muñecas, si no mas bien los vestidos. Cuando ni siquiera podía uno imaginar que algo como Sex And the City podría llegar a la televisión, ya yo definía los diversos matices y momentos dramáticos de mis historias basadas en la necesidad de usar un vestido, un color, una línea, una tendencia. Esto me hizo creer que quería ser diseñadora de modas. Entonces frágil e inestable pensé que no era una opción. Primero porque algunos miembros de mi familia me dejarían de respetar, y ya entonces era respetable. Y segundo porque no le veía ningún sentido a ser diseñadora sin ser famosa, y eso, en un país como Venezuela se me hacia cuesta arriba.

Decidí estudiar ingeniería, cuando menos esos miembros de mi familia que solo quieren a la gente inteligente no me excluirían. La otra cara de la moneda era que dibujar muñequitas era un juego, y necesitaba crecer. Mientras, seguía dibujando y escuchando la radio, en lugar de practicar todas esas derivadas e integrales. Con un portafolio y la osadía que regala la ignorancia me fui a ver a una famosa diseñadora venezolana, quien inmediatamente me contrató para que dibujara en su taller. Dibujaba intuitivamente, sin referencias, sin nada, solo imaginaba y trazaba. Este trabajo fue pasajero pues duro hasta que descubrí que los botones podían ser falsos, y que no necesariamente sirven para cerrar un vestido.

Abandoné el dibujo, y me concentré en otras historias ¿A donde voy con todo esto? Pues a que desde entonces siempre creí que mis dibujos no eran muy buenos, que les faltaba algo, seguramente personalidad, y claro el fulano talento. No fue hasta hace unos días cuando por casualidad caí en la pagina de una ilustradora de modas Paper Fashion, cuando descubrí (hay que ser bien ingenua para llegar hasta aquí creyendo que todas esas ilustraciones eran fruto de un conocimiento de cada movimiento y expresión del cuerpo) que las ilustraciones generalmente toman inspiración de fotos, de la realidad (claro que pocos lo dicen, la chica de Paper Fashion coloca un link para mostrar la foto de origen, tan decente). Siempre creí que todas esas ilustraciones maravillosas, todas, eran fruto de una excelente memoria, de una gran determinación y de mucho talento.

Con ganas de descubrir como se hace una ilustración usando una foto como referencia, estuve viendo una Jalouse (celosa, es el nombre de una revista de modas francesa) hasta que dí con una foto de Brigitte Bardot cuando era joven (y que hace promoción de su línea de ropas… y yo que creía que vivía en un zoológico). Nada fácil la tarea, sobre todo porque la referencia es demasiado icónica, pero aun así hice un esfuerzo de dibujarla. No se parece a Brigitte (creo que dejé colar mi percepcion de ella hoy, tan brava) pero me gusta como el dibujo me mira, y eso es todo para mi.

Definitivamente, tener una referencia ayuda. Pero no es todo. Mientras hacia el dibujo (no llamemos a esto ilustración) me dí cuenta de que con solo unos trazos podía haber llegado a lo que hice garabateando tanto. La respuesta a esto es la técnica. Si hubiese sido menos terca, hubiese tenido más foco, habría probablemente ido a una escuela de diseño donde habría aprendido a hacer el catalogo de ojos, el catalogo de labios, el catalogo de manos (qué difícil), pero no… Tenía que esperar hasta ahora para descubrir que con la técnica el talento puede dedicarse a ser más directo, mas eficaz, e incluso construirse desde cero.

No deja uno de aprender. Lo mejor de esta experiencia es simplemente hacer un paréntesis en mi cotidianidad para lanzar unas líneas aquí y allá… Y bueno, si, la técnica sirve para saber como hacer. Pero qué le hacemos a este síndrome de inventar la rueda y el agua tibia.

La paciencia sigue su gran revolución… Ahora hasta disfruto de hacer.

una foto es un mapa

Esta es una de esas fotos cuya importancia no viene de la apreciación anticipada del sujeto sino todo lo contrario. Me atrajeron los colores que llevaba y su rostro angelical. Eso era todo antes de tomar la foto. Cuando la tomé, había muchos mas elementos por los cuales sin duda habría tomado la misma foto. Mi presencia e intensión de tomarla en foto, le adjudicaron a esta chica algo mas, quizás un cierto pudor que completa la magia de este momento (en todo caso para mi). No sigo sin sentir que explico una foto, no era mi intensión, solo pienso el antes y el después de la foto, la historia de la foto en si misma, mi historia.

La voz Sertab Erener. La cancion “Uzgunum Leyla”

La mayoría de las veces mi musica llega cuando menos lo espero. Hace dos años, fui al museo de artes decorativas en la rue de Rivoli para ver la exhibición sobre uno de los diseñadores que ha marcado mi manera de ver la moda, mas que un vestido, creación o arrebato artístico. Allí, descubrí la voz de Sertab Erener, y esta canción, un tema clásico de la música turca, que daba nombre al video, resumen de la exposición homónima de Chalayan en la galería  Lisson en Londres. No pude contenerme, saqué mi teléfono y lo registré porque quería repetir y compartir ese momento. Sertab luciendo un atuendo de Chalayan, misteriosa bajo un sombrero, acompañada por una orquesta, y esa música, esa voz, ese tema.

Perdí el teléfono y con él todas las fotos de la exhibición y el video. De cuando en cuando escucho a Sertab, y hoy se me ocurrió encontrar una manera de compartirlo.